Francia se llena de centros de datos y el coste ambiental empieza a preocupar: energía, agua y territorio bajo presión

Francia se llena de centros de datos y el coste ambiental empieza a preocupar: energía, agua y territorio bajo presión

Francia se está convirtiendo en uno de los destinos más atractivos del mundo para construir centros de datos, impulsada por su red eléctrica relativamente baja en carbono, una sólida infraestructura de fibra óptica y el crecimiento de la inteligencia artificial. Pero detrás de esta expansión aparece una cuestión cada vez más difícil de ignorar: cuánta energía, agua y territorio puede consumir la infraestructura necesaria para sostener la nube. Actualmente, los centros de datos instalados en Francia utilizan alrededor de 10 teravatios-hora de electricidad al año , aproximadamente el 2,2% del consumo eléctrico nacional, según datos de ADEME, la Agencia Francesa del Medioambiente y de la Energía. La cifra equivale, aproximadamente, al consumo conjunto de entre nueve y diez grandes ciudades francesas de más de 100.000 habitantes. 🇫🇷 Ce que l'on sait de la vague des data centers qui déferle en France ➡️ https://t.co/QFXkFR0cZb 📊 La France accueille près de 350 data centers, mais leur suivi est complexe, alors que les données sur l'empreinte environnementale et leurs utilisateurs finaux restent floues. pic.twitter.com/hpSSH1yIGe Les Echos (@LesEchos) September 1, 2026 La ventaja nuclear de Francia tiene límites Francia parte con una ventaja frente a otros países: buena parte de su electricidad procede de centrales nucleares, lo que reduce considerablemente las emisiones de carbono asociadas al funcionamiento de los servidores.

Sin embargo, el problema se vuelve más complejo cuando una consulta digital o una tarea de inteligencia artificial realizada desde Francia termina procesándose en un centro de datos situado en otro país. Si esas instalaciones dependen en mayor medida de carbón, gas u otras fuentes fósiles, la huella climática del servicio puede aumentar aunque el usuario se encuentre conectado desde una red eléctrica relativamente limpia. Francia atrae miles de millones para construir nuevos centros La expansión parece lejos de detenerse. Según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Francia estuvo durante 2025 entre los grandes destinos internacionales de inversión extranjera en centros de datos, junto con Estados Unidos y Corea del Sur.

A escala mundial, las inversiones anunciadas en el sector superaron los 270.000 millones de dólares, y los centros de datos representaron más de una quinta parte del valor de los nuevos proyectos anunciados. Si la tendencia continúa, ADEME estima que Francia podría alcanzar alrededor de 500 centros de datos en 2030. No es solo electricidad: los servidores también necesitan agua El consumo energético no es el único impacto. Muchos centros de datos necesitan grandes cantidades de agua para sus sistemas de refrigeración, especialmente durante los meses más calurosos.

El ejemplo de Texas sirve como advertencia: allí, la enorme concentración de instalaciones tecnológicas ha aumentado la preocupación por su consumo hídrico en zonas que ya sufren sequías. Francia todavía no enfrenta una situación comparable, pero la concentración de nuevos proyectos podría generar conflictos similares, especialmente en regiones donde el agua sea un recurso limitado. A eso se añade el suelo necesario para instalar enormes complejos industriales y la infraestructura eléctrica asociada. Aragón tiene ocho días para frenar el decreto de centros de datos: las alegaciones se cierran el 4 de septiembre El real decreto exige que el 80% de la electricidad de cada centro proceda de renovables nuevas instaladas en los 18 meses previos a su apertura Para el Gobierno de… pic.twitter.com/l3j4lyb2RZ HOY ARAGÓN (@hoy_aragon) August 29, 2026 Cinco caminos posibles hasta 2060 Para estudiar qué podría ocurrir, ADEME ha desarrollado cinco escenarios de evolución de los centros de datos franceses hasta 2060.

Van desde mantener prácticamente la trayectoria actual, con un fuerte crecimiento del consumo de recursos, hasta imponer una regulación mucho más estricta sobre el uso de la inteligencia artificial y la construcción de nuevas instalaciones. Otros escenarios plantean seleccionar cuidadosamente dónde pueden instalarse los centros, aprovechar su calor residual para calefacción urbana, priorizar los servicios digitales considerados más útiles o confiar principalmente en mejoras tecnológicas para aumentar la eficiencia. La cuestión ya no parece ser si Francia seguirá necesitando centros de datos, sino cómo permitirá que crezcan. El auge de la inteligencia artificial está acelerando la demanda informática mundial y convirtiendo instalaciones que hasta hace pocos años pasaban casi desapercibidas en una nueva pieza crítica de la infraestructura energética.

La nube puede parecer intangible desde una pantalla, pero detrás existen edificios repletos de servidores que consumen electricidad, necesitan refrigeración y ocupan territorio. Y Francia tendrá que decidir cuánto está dispuesta a destinar a esa nueva infraestructura digital. Fuente: Futura Science.