Durante los últimos meses, Unitree parecía empeñada en demostrar que sus robots podían hacer cualquier cosa capaz de generar un buen vídeo. Los vimos correr, bailar, practicar artes marciales y ejecutar movimientos que hace pocos años parecían reservados a laboratorios como los de Boston Dynamics. El gran escaparate llegó en febrero de 2026. Durante la gala televisiva del Año Nuevo chino, 24 humanoides G1 y un H2 participaron en una actuación de artes marciales, con cambios de formación y movimientos coordinados de forma autónoma.
La propia Unitree presentó aquello como la primera actuación grupal completamente autónoma de este tipo realizada por humanoides. Las imágenes volvieron a recorrer Internet. Pero mientras millones de personas miraban robots dando patadas y saltos, detrás había una empresa preparando algo bastante más importante: su salida a bolsa. El 19 de agosto, Unitree comenzó a cotizar en el mercado STAR de Shanghái.
Según Reuters , las acciones llegaron a dispararse un 629% durante la jornada y cerraron en 845 yuanes, dejando a la empresa con una valoración aproximada de 50.000 millones de dólares. Un robot construido durante la universidad terminó convirtiéndose en una fortuna de miles de millones © Unitree Robotics. Detrás de la compañía está Wang Xingxing, un ingeniero de 36 años que fundó Unitree en 2016 después de trabajar brevemente para DJI. Su historia con los robots había comenzado antes.
Durante sus estudios de posgrado desarrolló XDog, un cuadrúpedo construido con componentes baratos que acabaría funcionando como precursor de los productos con los que posteriormente levantaría la compañía. Diez años después, la participación de Wang en Unitree vale miles de millones. Forbes calculó que, durante el frenesí inicial de la salida a bolsa, su patrimonio llegó a rondar los 16.000 millones de dólares, casi siete veces más que antes del debut bursátil. La fiesta, eso sí, no duró intacta.
La cotización sufrió posteriormente una fuerte corrección y la fortuna estimada de Wang cayó con ella. A 7 de septiembre, el índice de multimillonarios en tiempo real de Forbes la sitúa en torno a 9.700 millones de dólares, suficiente todavía para colocarlo entre las mayores fortunas tecnológicas del país. Los vídeos eran espectaculares, pero detrás ya había un negocio real © Unitree Robotics. Atribuir todo el éxito a una sucesión de robots virales sería simplificar demasiado las cosas.
Unitree cerró 2025 con 1.700 millones de yuanes de ingresos, más de un 300% por encima del año anterior, y obtuvo unos 278 millones de yuanes de beneficio neto, según las cifras de su folleto bursátil recogidas por Forbes . Ese mismo año envió 5.511 robots humanoides, más de diez veces los vendidos en 2024. Además, desde su fundación ha vendido más de 33.000 robots cuadrúpedos. Eso coloca a Unitree en una situación poco habitual en una industria llena de promesas: sus robots no solo existen, sino que se venden y la empresa es rentable.
La salida a bolsa le permitió recaudar alrededor de 900 millones de dólares, dinero que puede utilizar para desarrollar nuevos modelos y, sobre todo, mejorar la inteligencia que controla esas máquinas. Ahí está también la gran incógnita. Unitree ya sabe hacer robots que impresionan. Ahora tiene que conseguir que sean realmente útiles Una buena parte de los humanoides de Unitree todavía termina en universidades, centros de investigación y laboratorios, no trabajando ocho horas en cadenas de montaje ni limpiando casas.
Un análisis de Forbes basado en el folleto de la compañía señala que cerca de tres cuartas partes de los ingresos procedentes de humanoides siguen vinculados a clientes de investigación y educación. El propio Wang reconoce que falta un salto importante en software. Tras la salida a bolsa aseguró a Reuters que la robótica se aproxima a su particular “momento ChatGPT”, aunque admite que conseguir máquinas verdaderamente capaces de desenvolverse de forma generalista todavía puede llevar años. Por eso aquellos robots bailando y dando patadas eran algo más que una curiosidad de Internet.
Unitree consiguió que millones de personas conocieran su tecnología antes incluso de que exista un mercado masivo para ella. Ahora tiene robots reconocibles, miles de unidades vendidas, beneficios y unos 900 millones de dólares nuevos en caja. Lo difícil empieza precisamente aquí: convertir el espectáculo que la hizo famosa en máquinas que realmente trabajen cuando las cámaras estén apagadas.