Fire Emblem: Fortune's Weave es una de las aventuras más colosales y excepcionales de la saga a la que su exceso de ambición le pasa factura

Fire Emblem: Fortune's Weave es una de las aventuras más colosales y excepcionales de la saga a la que su exceso de ambición le pasa factura

Raro ha sido el mes de este 2026 en el que Nintendo no nos haya dejado con un juegazo al que merece la pena prestarle la atención y por el que sería buena idea hacerse con una Nintendo Switch 2. Esta semana habrá un motivo adicional gracias al lanzamiento de Fire Emblem: Fortune's Weave que se producirá mañana mismo, 17 de septiembre, así que los aficionados de la saga estarán contando hasta los minutos que quedan para comenzar a darle caña a este nuevo título que ya me dejó con unas sensaciones fantásticas el mes pasado en las primeras impresiones. En ese momento me pareció increíble lo tremendamente ambicioso que pretendía ser el juego por la inmensa cantidad de contenido, funciones, actividades, formas de jugar y sobre todo por el hecho de incluir un total de cuatro campañas diferentes. Sin duda, es una manera de garantizar perfectamente que pasarás más de un centenar de horas a los mandos con unas cuantas historias emocionantes, apasionantes y con las que siempre buscarás cualquier excusa para ponerte a los mandos.

He de admitir que así es como me he sentido a lo largo de estas últimas semanas. Sin embargo, la sombra de Fire Emblem: Three Houses sigue siendo demasiado descomunal y eso le ha pesado demasiado a este capítulo. La fórmula tan ganadora de uno de los juegos más sobresalientes de la primera Nintendo Switch se ha tratado de llevar lo más lejos posible, pero no se ha terminado de pulsar en la tecla adecuada para que fuera simplemente impecable, y eso le ha jugado una mala pasada en determinados aspectos. Cuatro épicas historias que puedes recorrer en cualquier instante Con este Fire Emblem se ha optado por tirar la casa por la ventana al incluir un total de cuatro historias diferentes, con sus respectivos personajes principales, aunque todas estas tramas se acaban entrelazando en algún que otro momento.

Lo que tienen todas en común es el hecho de que el Imperio dagdano está al borde de su extinción después de que un terrible dios demoníaco haya arrasado con todo a su paso y no parece que nadie vaya a ser capaz de acabar con él. El único rayo de esperanza reside en un héroe o heroína (dependiendo de lo que escoja cada uno) que dispone del poder suficiente para plantarle cara. No obstante, para ello necesitará la ayuda de los héroes que fallecieron en el pasado, que son los cuatro protagonistas de las distintas campañas. Así que eso conllevará que sea necesario viajar unos años atrás para lograr que sobrevivan y participen en la batalla más decisiva del reino.

Eso sí, el papel de este misterioso personaje durante el proceso es más bien anecdótico. En la Sala de los Obeliscos serán los propios jugadores los que determinarán qué senda quieren seguir y se pondrán en la piel de uno de estos héroes: Cai, Dietrich, Theodora y Leda. Asimismo, las misiones que afrontarán, sus aliados y los enemigos contra los que deberán luchar, cambiarán por completo a medida que avancen sus correspondientes aventuras. Y lo mejor de todo es que en cualquier momento tienes la opción de saltar entre ellas, por lo que nunca será obligatorio completar el juego para jugar a las demás.

Ahí dependerá de cada uno. El destino les juntará a los cuatro héroes en una ciudad donde tienen lugar los Juegos Heroicos, donde deben participar en una serie de batallas con el fin de alzarse campeones del torneo y que así uno de sus deseos se vea cumplido. Sus planes no pararán de verse alterados a medida que por el camino surjan conflictos de todo tipo para dar y tomar y que pondrán en juego sus vidas constantemente. Todo ello con unos argumentos soberbios y unos personajes a los que acabas pillando cariño irremediablemente a lo largo de las 30-40 horas que puede durar, como mínimo, cada historia.

De hecho, un detalle por el que resulta más interesante todavía el ir saltando entre las diferentes campañas se debe a que a veces se acaban conectando de alguna manera, así que es interesante descubrir cómo han llegado hasta ese punto y la odisea que han tenido que vivir. De todos modos, esto es puramente opcional, porque con progresar en una única campaña es más que suficiente para llegar hasta el final del juego sin problema, pero no es lo más recomendable en absoluto. Por otro lado, algo que caracteriza a los cuatro héroes es el hecho de que pueden sacar partido de sus propias técnicas de ignición. Son ataques extremadamente poderosos cuyo precio se paga con el consumo de puntos de vida, que es algo que en numerosas batallas acabará mereciendo la pena con tal de que la balanza se incline hacia tu lado, porque algunos de los encuentros que se librarán os pondrán contra las cuerdas en gran medida.

Una preparación que le resta protagonismo a los excelentes combates Las batallas son el pilar más importante de cualquier Fire Emblem por su punto estratégico y por cómo te obligan a pensar hasta el más mínimo detalle para acabar presenciando la pantalla de victoria. En esta ocasión no es ninguna excepción y son lo mejor de todo, de ahí que cuando llega el momento de participar en una de ellas al final de cada capítulo es cuando se convierte en una de las mejores partes del juego. Además, todas acaban presentando alguna meta o algún objetivo adicional para que sean únicas y diferentes al resto. Si bien no faltarán aquellas en las que hay que acabar con algún enemigo principal, a veces habrá algunas en las que será necesario llevar a cabo algún otro objetivo.

Lo que siempre será igual será la forma en la que transcurren, de manera que hay que desplazar a las unidades por las casillas del escenario y escoger a conciencia las habilidades, técnicas, objetos, posición y clases que saldrán a escena a darlo todo, porque los desafíos implicarán que haya que cambiar los planes en cada encuentro y no todos los personajes serán igual de efectivos. Más allá de las técnicas de ignición, entre otras novedades tenemos el uso de las pistolas, pero en grandes rasgos las batallas son como siempre, lo que no importa ni un solo ápice porque he de insistir en que es de lejos lo mejor de todo el juego. El problema es todo lo que no tiene nada que ver con ellas, porque aquí es donde llega la parte por la que indicaba previamente que el título se ha excedido de ambicioso, como es con la preparación de las batallas y todo lo que sucede entre medias de cada capítulo. La aventura te muestra un calendario que se divide en una gran cantidad de turnos que se van consumiendo dependiendo de las acciones que se realicen.

En este sentido, puedes pasear libremente por la ciudad, visitar las tiendas, las posadas, los templos en los que pueden rendir pleitesía a sus dioses para obtener bendiciones que resultan de ayuda en las batallas, y otros lugares como un teatro, las termas y hasta un puesto de entrenamiento en el que poder potenciar las capacidades del grupo. La ciudad es simplemente colosal, de ahí que a la larga no te paren de entrar ganas de tirar del viaje rápido para ir de un lugar a otro dependiendo de lo que quieras hacer o de qué manera tengas intención de mejorar a los personajes. Sobre todo porque hay determinadas actividades que solo se pueden completar una vez a la semana o en días clave, ya sea porque no están disponibles de otra forma o porque te proporcionan descuentos y bonificaciones suculentas por las que merece la pena no ignorarlas. En definitiva, una serie de actividades que también ayudan a que los aliados estrechen lazos entre ellos.

Los que ya jugaron a Fire Emblem: Three Houses les resultará muy familiar porque es prácticamente lo que ya ocurría en el monasterio de Garreg Mach donde ejercías de profesor. La diferencia es que aquí puedes salir fuera de la ciudad y explorar libremente el mundo, el cual está dividido por decenas y decenas de puntos importantes que se van desbloqueando poco a poco a base de avanzar por ellos y de subir el nivel de prestigio, ya sea avanzando en la trama, entregando suministros o completando misiones secundarias. Aquí es donde se os irán la mayor cantidad de turnos, porque avanzar por el mapa va disminuyendo la cantidad poco a poco y por cada acción por la que te decantes, como parar en un pueblo, comprar o vender productos a un comerciante, participar en batallas opcionales, reclutar batallones para tu ejército o simplemente limitarte a buscar recursos por los alrededores, dado que estos se pueden intercambiar por artículos o te solicitarán algunos para subir el nivel de prestigio. Las dimensiones del mapa son realmente abrumadoras y es fácil que se te consuman la mayoría de turnos al ir de un lado a otro, pero también es la única manera de adentrarte en las nuevas batallas rápidas.

A diferencia de las normales, estas transcurren en mazmorras en 3D en las que recorres sus pasillos en busca de objetos y te enfrentas por turnos a enemigos, ya sea con simples golpes o con los ataques en cadena que causan mayores estragos. Una impresión que me dejaron las primeras horas es que este tipo de desafíos se volverían más complicados sobre la marcha, pero lo cierto es que no. Ni estas mazmorras ni las batallas opcionales me han puesto en aprietos en ningún momento, de ahí que cuando ya me encontraba en un punto avanzado de la trama perdí por completo el interés de avanzar por el mapa. Como mucho para completar misiones secundarias, pero nada más, porque viajar de un lado a otro no me ofrecía ningún tipo de aliciente.

Y por eso es por lo que destaco que le ha pasado factura al juego el querer ser tan ambicioso. Prácticamente hasta el final de la campaña no he parado de desbloquear nuevas funciones, dando la impresión en algunos momentos de estar metido en un tutorial más largo de lo normal, pero lo que importa es que la preparación entre cada capítulo se vuelve un tanto insulsa y no me ha dado la sensación de que me ofrezca una profundidad enorme a la hora de personalizar a mis tropas. Como resultado, a veces optaba por dejar que los turnos transcurrieran automáticamente hasta una fecha clave sin más. Porque la mayor parte del tiempo que he pasado jugando ha sido en estos procesos de preparación, cuando insisto que lo relevante de la saga son las batallas.

No me habría importado tener a mi disposición actividades a tutiplén si no fuera porque a veces da la sensación de que los combates quedan relegados a un segundo plano. En otro orden de cosas, por toda la ciudad hay decenas y decenas de personajes a los que puedes reclutar y con los que, sin conocerlos de nada, no tienes claro a cuál elegir. Con algunos resulta sencillo que se unan a tus filas porque simplemente requieren aumentar el nivel de prestigio, mientras que hay otros que te obligan a subir el nivel de amistad a base de hacerles montañas de regalos, pero eso sí, solo uno a la semana, y encima tienes que acertar con el adecuado, por lo que no sería de extrañar que muchos jugadores decidan ignorarlos para centrarse simplemente en los fáciles. Lo que es la esencia de la franquicia, como son sus batallas y su historia, está más que presente en Fire Emblem: Fortune's Weave y no puedo poner ni un solo punto negativo, porque son una auténtica delicia y unos aspectos alucinantes dignos de aplaudir sin parar.

Desde luego, esta entrega nos deja con una aventura de las que marca época y con la que seguiremos acordándonos de ella con el paso de los años. Por desgracia, es una lástima que se haya depositado tanto peso en las preparaciones, porque habría agradecido más combates y no tener que estar tan pendiente de hacer esto, lo otro, ir aquí, allá, etc., para algo que tampoco es que te vaya a aportar una ventaja determinante. En VidaExtra | Fire Emblem se llevó la gloria, pero para ello necesitó que Nintendo llevase la estrategia a las consolas con sus guerras digitales En VidaExtra | Fire Emblem Engage: 25 trucos, secretos y consejos para que no se te resista ninguna batalla