Charly y el Barça

Charly y el Barça

Son algo más de cien metros, pero la vida de Carles Rexach ha transcurrido fundamentalmente entre su casa y el Camp Nou. Charly es el Barça. Y su historia. Ha participado en momentos clave desde su infancia, su paso por el Condal (filial en su época) apoyando a Buckingham, el primer entrenador que trajo la filosofía del fútbol de la escuela holandesa al Barça, aunque fuera inglés, jugando con Cruyff la temporada del 0-5, siendo su amigo y hombre de confianza en la banquillo glorioso del Dream Team y firmando y validando el fichaje de Messi que concluyó con la mejor etapa de la historia del FC Barcelona.

Es difícil compactar en apenas 50 minutos una experiencia futbolística tan rica como la de Charly, pero Eva Niñerola, la directora del documental que se presentó ayer, lo consiguió con la inestimable colaboración y aportaciones de Movistar. La descripción de la figura de Rexach se ajusta a un formato ágil y cálido, bien rodeado por futboleros que lo aprecian. Charly es un prototipo de barcelonista de cuna, con un talante abierto, de fina ironía, siempre con las dosis necesarias de buen humor sin sal gorda. Sus frases y su criterio dejan al espectador entre la admiración por su conocimiento y una media sonrisa.

Rexach es un sabio del fútbol, cuya carrera ha transcurrido en un solo club, y cuyas aportaciones han servido para elevar el nivel futbolístico del Barça. En la banda, en primera línea, en la sombra, como jugador, asistente, entrenador, ojeador o director de fútbol siempre ha conseguido que se le escuchara. Porque tiene criterio y no tira de tópicos. Tiene una idea clara de fútbol y lo ve muy rápido.

Sin él, las grandes épocas no hubieran sido las mismas. La visión del fútbol y del Barça en particular de Rexach es una ‘master class’ para cualquier aficionado y especialista de este juego. Es un sabio capaz de decir como deja claro en el documental una frase que refleja perfectamente cómo es todo este mundo: “Cuando veía al equipo muy nervioso, les decía: ¿Y al final qué puede pasar? ¿Lo máximo, lo máximo? Perder. ¿Y qué?”

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