Batacazo y cómo taparlo

Batacazo y cómo taparlo

Atlético fue superior al Madrid en el derbi madrileño. Giuliano se comió a los jugadores blancos, provocó un penalti totalmente justo y dio una gran asistencia a David. El juego del Real volvió a ser pobre. No intimidó nunca ofensivamente al Atlético.

Marcó su único gol a balón parado en un remate de Rüdiger tras entrar en frío Le Normand y ni Vinicius, ni Mbappé ni Diomande dieron sensación de auténtico peligro delante. Fue un batacazo blanco. En la jugada de la expulsión, Giuliano ganó la espalda en un balón largo sin protección defensiva del Madrid que no supo ejercer una buena presión desde el primer minuto. Luego salió Mou y destrozó a los árbitros, como era de esperar, para justificar una derrota con el relato de siempre que está llevando al Madrid a la ruina porque no entra en el debate real del juego y se queda en la queja permanente en una elección comunicativa para ocultar los agujeros reales.

Mourinho apareció en la sala de prensa con una doble fotografía de dos entradas que consideró que debían ser rojas y, sin embargo, dijo que no tuvo tiempo de ver la jugada de expulsión de Huijsen. En la rueda de prensa se volvió a citar a Negreira, como ya se apuntó en esta columna después del incontestable triunfo blaugrana en Sevilla y la exhibición de los blaugrana. Era evidente que tienen un relato que cumplir porque no tienen fútbol que ofrecer. El sector serio y de sentido común del madridismo (que lo hay) debería alzar su voz ante tanto absurdo.

Autocrítica cero. Pero la actitud de Giuliano y la de Vinicius y Mbappé fue (y es) muy diferente. El Madrid no quiere entrar en el debate de su fútbol, ni del juego, ni por qué excelentes jugadores no suman o llevan dos años en blanco y futbolistas de la categoría de Rodri prefieren vestir de blaugrana. Nadie quiere comentar los cambios del entrenador (¿Por qué sustituye a Güler? ¿Por qué no entra Diomande de inicio? ¿Es Huijsen un defensa titular?) y el club sigue instalado en un bucle enfermizo contra el Barça, una guerra a muerte contra los árbitros y ningún discurso estrictamente futbolístico.

El derbi lo ganó el Atlético porque fue mejor, actuó con mayor intensidad y supo sacar provecho de sus ocasiones. El Madrid se pegó un batacazo.

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