Noruega lleva 81 años con un submarino nazi cargado de mercurio bajo su mar. Sacarlo podría ser más peligroso que enterrarlo para siempre: todavía el gobierno debate qué tiene que hacer

Noruega lleva 81 años con un submarino nazi cargado de mercurio bajo su mar. Sacarlo podría ser más peligroso que enterrarlo para siempre: todavía el gobierno debate qué tiene que hacer

A unos 150 metros bajo el mar, frente a la pequeña isla noruega de Fedje, hay un submarino alemán de la Segunda Guerra Mundial partido en dos . No es solamente un pecio histórico: en su interior todavía quedan recipientes de mercurio y el sedimento que lo rodea está contaminado. El U-864 se hundió el 9 de febrero de 1945 mientras transportaba material y personal especializado hacia Japón . No existe un manifiesto completo que permita conocer su carga con exactitud, pero los archivos británicos conservan un pedido japonés de 1.867 recipientes de mercurio .

Si todos estaban a bordo, equivaldrían a entre 65 y 67 toneladas del metal. Más de ocho décadas después, Noruega sigue intentando responder una pregunta aparentemente sencilla: ¿es mejor sacar ese mercurio o dejarlo allí y sepultarlo? El U-864 también protagonizó una batalla que nunca volvió a repetirse © Kystverket. La historia del submarino ya era extraordinaria antes de que apareciera el problema ambiental.

En los últimos meses de la guerra, Alemania puso en marcha una misión secreta para llevar tecnología militar y materias primas a Japón. El U-864 formaba parte de aquella operación. Los británicos conocían sus movimientos y enviaron al HMS Venturer para interceptarlo. El 9 de febrero de 1945, su comandante, Jimmy Launders, siguió al submarino alemán y calculó una solución de disparo tridimensional para atacarlo mientras ambos permanecían sumergidos.

Venturer lanzó cuatro torpedos . El U-864 esquivó tres, pero el cuarto lo alcanzó y lo partió. Murieron las 73 personas que viajaban a bordo. El episodio continúa siendo el único caso conocido en el que un submarino hundió deliberadamente a otro mientras ambos estaban bajo el agua.

El pecio permaneció perdido hasta 2003, cuando la Armada noruega localizó sus dos grandes secciones cerca de Fedje. Las inspecciones confirmaron después que parte del mercurio había escapado y contaminado el fondo marino. En 2026 Noruega abrió el submarino. Lo que encontró complicó todavía más la decisión © Kystverket.

Las investigaciones más recientes han permitido acercarse como nunca a su carga. En junio de 2026, vehículos submarinos operados remotamente accedieron a seis compartimentos de la quilla y recuperaron 22 recipientes. Los resultados no fueron tranquilizadores. Una evaluación inicial determinó que alrededor del 80% presentaba daños y fugas.

La operación recuperó aproximadamente media tonelada de mercurio y también encontró metal líquido libre dentro de los compartimentos y en los sedimentos. El hallazgo confirmó algo importante: recuperar la carga es técnicamente posible, pero tocar el pecio también puede empeorar temporalmente la contaminación. Los trabajos sobre la estructura, la excavación de sedimentos y la manipulación de los recipientes deteriorados pueden dispersar mercurio hacia zonas que actualmente permanecen relativamente confinadas. La solución más segura puede ser enterrar el submarino Tras estudiar las dos opciones, la Administración Costera de Noruega (Kystverket) entregó en septiembre de 2026 su recomendación al Gobierno: cubrir permanentemente el pecio y los sedimentos contaminados.

Según el organismo , recuperar primero parte de la carga y después sellar la zona reduciría el riesgo a largo plazo, pero supone más posibilidades de dispersar mercurio durante los trabajos y un coste considerablemente mayor. El área tendría que cubrirse igualmente después. La decisión final corresponde ahora al Gobierno noruego. Curiosamente, décadas de vigilancia tampoco muestran una catástrofe ecológica extendiéndose por la costa.

El Instituto de Investigación Marina de Noruega controla peces y cangrejos de la zona desde 2004 y no ha detectado un aumento sostenido atribuible al pecio frente a las áreas de referencia cercanas. El problema está concentrado mucho más abajo. Noruega sabe dónde está el mercurio, sabe que muchos de sus recipientes se están degradando e incluso sabe cómo intentar recuperarlos. Lo que todavía debe decidir es si la mejor forma de eliminar una amenaza de 1945 consiste, paradójicamente, en no volver a tocarla.

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