El 2 de mayo de 1975, el programa Un globo, dos globos, tres globos emitía por primera vez Hacia la montaña, el episodio número 1 de Heidi. España se convertía así en el primer país Europeo en recibir la serie de animación japonesa, convirtiéndose con ello en un fenómeno de masas que marcó a varias generaciones. Pero lo realmente curioso no fue ese éxito, sino lo que ocurrió en la televisión Suiza que se negó en rotundo a emitir la serie. Para quienes no la conozcan, Heidi cuenta la historia de una niña huérfana que marcha a vivir a los Alpes suizos con su abuelo, por lo que el idílico paisaje alpino, sus gentes y su espectacular naturaleza, es casi un protagonista más de la historia.
En Suiza, en cambio, acabaron tan enfadados con lo que había creado Japón que se prohibió su emisión. El inesperado éxito de Heidi Lo cierto es que la historia original de Heidi no nació en Japón, lo hizo en la propia Suiza de la mano de las novelas que Johanna Spyri empezó a publicar en 1880. De hecho, los japoneses ni siquiera iban detrás de la pequeña huérfana suiza, lo que querían era adaptar Pippi Calzaslargas, pero su creadora (esta vez, sueca) rechazó el proyecto y los nipones tuvieron que buscar otra alternativa. Con Heidi ya convertida en un personaje reconocido al otro lado del mundo gracias a las novelas, en 1973, el cuarteto estrella de Nippon Animation -Takahata, Miyazaki, Yōichi Kotabe y Junzō Nakajima- viajaban a Suiza y la Selva Negra alemana para recabar la mayor cantidad de información posible.
Fotografiaron edificios, ropas, paisajes y hasta las herramientas que utilizaban sus artesanos con la intención de hacer una recreación lo más fiel posible de aquellos preciosos entornos. Lejos de tomárselo a la ligera, incluso cambiaron el diseño de Heidi tras la recomendación que les hizo una bibliotecaria de la zona, asegurándoles que la idea de una niña con trenzas en medio de la montaña estaba lejos de acercarse a la realidad del país. Con todo esa información bajo el brazo, el 6 de enero de 1974 se estrenaba Heidi, la niña de los Alpes. Había que llenar una temporada de 52 episodios, así que aprovechando todo lo aprendido, el equipo convirtió aquel costumbrismo suizo que habían descubierto en parte de la historia.
Cuidar cabras, mirar las nubes, contemplar las montañas junto a Pedro mientras les acompañaba la perra Niebla... Y esa precisamente, la perra, fue la gota que colmó el vaso para los suizos. Lo que realmente enfadó a Suiza El caso es que no había perra en la historia original (tampoco en la japonesa, allí era un perro llamado Joseph), y el animal se sumaba a una serie de cambios que, según Suiza, formaban parte de una colección de tópicos extranjeros en los que el San Bernardo era la guinda del pastel. Aquella no era la Heidi con la que se habían criado y debía frenarse a toda costa.
El personaje, bastante más dulce y amable, con un fuerte vínculo con la ecología y la preservación de la naturaleza que en cierto momento le lleva a enfrentarse a unos cazadores, poco o nada tenía que ver con la Heidi original. Aquella, la de Spyri, había presenciado cómo los celos de Pedro por su amistad con Clara habían empujado al cabrero a tirar a la muchacha en silla de ruedas montaña abajo. En la adaptación también se pasaba por alto el fuerte componente religioso del que hacía gala la novela, que tiene un marcado tono cristiano de arrepentimiento, comunidad y lectura de la Biblia como hobby preferido de cualquier niño suizo que se precie. Sin embargo, aunque pudiesen tener excusas para no amar a la Heidi japonesa como hicimos en España, sería injusto relegar esta historia a eso.
El pilar que lo termina sustentando todo es que, más allá de esa crítica, el problema era que la televisión pública de Suiza estaba creando una adaptación de la serie con actores y, claro, que hubiese otra Heidi en boca de todos les iba regular. No les funcionó en absoluto, en cualquier caso. No contaban con que, por aquello de tener cerca a una Alemania y Austria que sí decidieron emitir la serie, buena parte de los niños suizos también terminaron enganchados a ella.