Durante años, la relación de China con América Latina se resumía en una idea: Pekín compraba minerales y alimentos. Esa imagen quedó vieja. En Perú, empresas estatales chinas controlan hoy las dos compañías que distribuyen la electricidad en Lima, una ciudad de más de diez millones de habitantes, además de varias centrales hidroeléctricas en el interior del país. El avance reabrió un debate que excede lo económico: qué significa que la infraestructura eléctrica de una capital dependa de compañías controladas por un Estado extranjero.
Dos empresas, toda una ciudad © Andrey Metelev Unsplash La capital peruana está dividida en dos zonas de concesión eléctrica. El sur está a cargo de Luz del Sur, cuyo 83,6% fue comprado en 2020 por China Yangtze Power, del grupo estatal China Three Gorges , por unos 3.590 millones de dólares. El norte quedó en manos de China Southern Power Grid International, otra empresa estatal, que en 2024 compró la antigua Enel Distribución Perú, hoy rebautizada Pluz Energía, por casi 3.000 millones de dólares. Según un análisis de Dialogue Earth , esas dos operaciones dejaron prácticamente toda la distribución eléctrica de Lima bajo control de capitales estatales chinos.
A escala nacional, ambas empresas atienden a más de 3 millones de clientes, alrededor de un tercio de los usuarios del país, según datos del regulador eléctrico peruano, Osinergmin. También en la generación El interés no se limita a los cables. China Three Gorges es dueña de la central hidroeléctrica de Chaglla, en Huánuco, con más de 450 megavatios de potencia, y de San Gabán III, en Puno, que comenzó a operar en 2025. Luz del Sur, además, opera centrales hidroeléctricas y un parque eólico en la costa sur.
En total, se estima que los capitales chinos ya participan en alrededor del 10% de la generación eléctrica del país. El potencial es enorme. Según el Ministerio de Energía y Minas de Perú, el país tiene unos 70 gigavatios de potencial hidroeléctrico, de los que aprovecha apenas una pequeña fracción, y alrededor de 20 gigavatios de potencial eólico. Por qué preocupa © Magnific La red de distribución es lo que lleva la energía desde las subestaciones hasta cada casa, hospital o fábrica.
Por eso se la considera infraestructura crítica. «China ya no es solamente un comprador de materias primas», advirtió el analista peruano Pedro Yaranga, que pidió reforzar las normas que protegen los activos estratégicos del país. Una de las preocupaciones concretas es la competencia. Si una distribuidora compra energía a centrales de su mismo grupo, podría trasladar costos a las tarifas que pagan los usuarios. Por eso, el organismo de defensa de la competencia de Perú, Indecopi, aprobó la compra de Enel con condiciones: buena parte de la energía debe adquirirse mediante licitaciones supervisadas o procesos competitivos y transparentes.
La otra mirada No todos los especialistas comparten la alarma. El exdirector general de Electricidad Roberto Tamayo recordó que las normas peruanas evalúan la concentración por empresa y grupo económico, no por nacionalidad, por lo que las dos compañías chinas son, legalmente, operadores distintos. Hasta ahora no hay evidencia de que Pekín haya usado su presencia en redes eléctricas extranjeras con fines políticos. Perú no es un caso aislado.
En Chile, la estatal china State Grid es dueña de la distribuidora CGE, y en Brasil construye grandes líneas de transmisión. Lo que está en juego en toda la región es cómo combinar la llegada de inversiones que modernizan la red con la capacidad de los Estados para seguir regulando un servicio esencial.