"No lo entiendo, que una bola me bote y la otra me despiste. ¡No puedo, tío! ¡No puedo jugar así! ¡h...!. ¡No lo entiendo, no lo entiendo! No puedo jugar así a tenis, por intuición". Un Carlos Alcaraz al borde de un ataque de nervios, desquiciado por las condiciones de juego y también la habilidad de un rival iluminado. Carlos Alcaraz, descolocado.
Su equipo, intentando calmarle. "Limítate a hacer tu tenis, métete y con alegría. Y si se tiene que fallar, que se falle, pero bien fallado", le invitó Samuel López, su entrenador. La ira de Alcaraz se desató con 5-6 en el primer set, tras haber sufrido el 'break'. En el descanso, en su silla, inició un monólogo a gritos, para sí mismo, pero también intencionadamente en voz alta para que llegase a los suyos.
Ganas de soltar la rabia acumulada al quedarse sin sensaciones. El arrebato no salvó el set, tampoco el encuentro. Carlos Alcaraz, 23 años y nº 3 mundial, cedió ante un rival tocado por una varita mágica, el belga Zizou Bergs, 27 años y nº 39. El murciano salvó el KOT recuperando el saque con 5-6, forzando un 'tiebreak' en el que llegó la sentencia, la eliminación en tercera ronda.
Cayó Alcaraz por 7-5 y 7-6 (5) en 2h.02'. Reciente campeón del ATP 500 de Tokio, en una racha de siete triunfos consecutivos, se dio de bruces con su propia incomodidad, por las pelotas y una pista ultrarrápida, también la presión que metió Bergs, un tenista de ritmo trepidante, de tenis a cara o cruz que se adapta perfectamente a los elementos de Shanghai. Tenía mucha esperanza en esta edición Alcaraz, fresco de cabeza y piernas. Pero no se adapta bien.
Cayó en octavos de 2023 ante el búlgaro Grigor Dimitrov, cedió en cuartos de 2024 con el checo Tomas Machac. Causó baja en 2025.