Los creadores de Dead Cells le dan a Castlevania: Belmont's Curse la dosis de sangre fresca que la saga necesitaba

Los creadores de Dead Cells le dan a Castlevania: Belmont's Curse la dosis de sangre fresca que la saga necesitaba

Tras 12 años desde la última vez que vimos un nuevo Castlevania, la mayor cantidad de tiempo que ha transcurrido entre el lanzamiento de dos entregas, el látigo de los Belmont vuelve a restallar con la fuerza de los mejores momentos que vivió en su época dorada. La saga necesitaba una excusa para regresar por todo lo alto y qué mejor que aprovechar la celebración de su 40 aniversario para dejarnos con Castlevania: Belmont's Curse. Los aficionados llevaban demasiado tiempo esperando un momento como este y Konami ha confiado en la compañía idónea para entregar las llaves de su legado a uno de los equipos que mejor ha entendido la acción en 2D en la última década. Los creadores de Dead Cells han tomado las riendas con un profundo respeto por Symphony of the Night y los clásicos títulos de GBA y DS, lo que nos deja con un excepcional metroidvania con personalidad propia y uno de esos títulos de la serie del que, con toda seguridad, nos vamos a acordar durante años.

La última vez se optó por unas aventuras más orientadas a la acción pura y dura, pero esta vez se ha preferido apostar por uno de esos títulos en los que la exploración es primordial, dado que los escenarios están plagados de pasillos, habitaciones y toda clase de zonas para dar y tomar. Como es normal, el backtracking está a la orden del día gracias a los poderes que va desbloqueando nuestra protagonista y que serán indispensables para avanzar por lugares que previamente parecían completamente inaccesibles. Una premisa que ya de por sí lo convierte en un juego de los que saben cómo engancharte en todo momento, pero si hay algo que me ha maravillado ha sido su trama. El componente narrativo que se le ha brindado es de los más fascinantes que he llegado a ver en toda la saga en esta secuela del mítico Castlevania: Dracula's Curse de la clásica NES.

Eso mismo se ve reflejado en que transcurre 23 años después de este capítulo en el que Trevor Belmont volverá a las andadas, pero el protagonismo recae en los hombros de su hija, Rose Belmont. La acción nos traslada al año 1499, a una París medieval que se ha convertido en todo un infierno después de que unas temibles criaturas demoníacas hayan surgido de entre las sombras. Padre e hija partirán sin ningún temor a estas ardientes calles con el fin de restaurar la paz, aunque nuestra heroína no se limitará a emplear únicamente el látigo tan característico de este universo, ya que tendrá a su disposición un amplio arsenal de armas que podrá ir recolectando, con sus propias características y estilos de combate para que cada uno se decante por su estilo de juego preferido. Por el camino, Rose se enfrentará a demoledores jefes finales que resultarán muy familiares a los aficionados, como Medusa o la mismísima Muerte, pero también habrá otros nuevos y sorprendentes, como Juana de Arco.

Algo que les hace resaltar a todos ellos es el hecho de que al derrotarlos pasarán a quedarse encerrados en las cartas del tarot de Rose, lo que los convertirá en Arcanos para poder sacar partido de sus ataques más devastadores a base de emplear puntos de maná, pero también no pararán de interactuar con nuestra protagonista. Es ahí donde se nota claramente que se ha depositado un enorme esfuerzo en su faceta argumental, dado que los jefes finales no son simples monigotes que los derrotas y no vuelves a saber nada de ellos. Algunos te acompañarán en todo momento con diálogos que le otorgan un mayor peso a la historia y de paso sirve para conocer mejor su pasado y por qué se convirtieron en seres malignos dispuestos a causar el caos y la destrucción a su paso. Además, por el camino se van desbloqueando pistas de cada una de las cartas del tarot para conocer más detalles relacionados con estos temibles adversarios, ya sea acerca de sus personalidades, acciones o el lugar donde se producirá el cara a cara.

Los encuentros contra cualquiera de ellos me han hecho sudar la gota gorda, pero lo cierto es que no me ha importado lo más mínimo. El juego ya te deja claro desde prácticamente la primera sala de la aventura que no te lo va a poner nada fácil en ningún momento. Los enemigos son huesos muy duros de roer que te pueden meter una soberana paliza a la mínima que te descuides, igual que los jefes finales. Aun así, ahí reside la gracia, en aprenderte bien los patrones, los puntos débiles y buscar siempre el momento apropiado para asestar un golpe tras otro.

Un conjunto de detalles que siempre te motiva a querer intentarlo una vez, y otra, y otra… Lo que no voy a negar es que he perdido la cuenta de la cantidad de veces que he llegado a morir y lo profundamente que he agradecido los Espejos de Vida, los puntos de guardado que te recuperan todos los puntos de vida, de maná y regeneran las pociones que llevas encima. Eso sí, el riesgo que conlleva pasar por estos lugares es que los enemigos que hayas derrotado volverán a la vida, así que no te quedará más remedio que tener que lidiar con ellos una y otra vez. Al menos, siempre viene bien para fortalecer a Rose, ya que el acabar con ellos otorga puntos de experiencia que harán que suba de nivel. Aunque todas estas bestias y monstruos pueden suponer un gran problema para salir adelante, las trampas no se quedan atrás.

Y es que no todo es acción en este Castlevania, porque también hay salas que ponen a prueba la habilidad de los jugadores al rebotar por las paredes, saltando por plataformas que se destruyen, sierras gigantescas que te pueden cortar en dos, pinchos afiladísimos, etc. La buena noticia es que merecen la pena porque normalmente suelen aguardar mejoras de vida o de maná o incluso cofres que contienen reliquias que otorgan bonificaciones adicionales. En estos aspectos es donde se nota que estamos ante un metroidvania con todas las de la ley. Sobre todo porque Rose irá aprendiendo nuevas habilidades, como la luz sagrada o el látigo arcano, entre otras, que automáticamente se vuelven indispensables para atravesar los escenarios y de paso para ofrecer más posibilidades de triunfar en los combates.

De hecho, hay momentos en los que estos se convierten en batallas contra hordas de criaturas que hay que aniquilar sí o sí para que se abran las puertas a la siguiente sala. Por supuesto, el mapa juega un papel determinante para saber dónde te encuentras y para dejar cualquier tipo de marca de lugares a los que te gustaría regresar más adelante. Más que nada porque en absoluto estamos frente a un título que te puedas pasar en una tarde, dado que los diferentes escenarios, con sus propias temáticas, temazos y un apartado artístico simplemente soberbio, son realmente descomunales y más todavía si eres de los que está dispuesto a desbloquearlos al 100%. El resultado con Castlevania: Belmont's Curse es un retorno triunfal que demuestra que a la franquicia de Konami no le hacía falta reinventar la rueda, sino precisamente esa bocanada de sangre fresca que solo un estudio en estado de gracia podía aportar.

Rose Belmont es la prueba de que el apellido familiar sigue pesando tanto como el primer día, devolviendo la luz a una de las licencias más emblemáticas que existen con un título imprescindible que honra el pasado y que mira con ambición al futuro dispuesta a cumplir muchos años más. Sin duda, cruzo hasta los dedos de los pies para que así sea. En VidaExtra | ¿Castlevania... o Akumajo Dracula? Por qué Konami rebautizó su saga vampírica más allá de Japón En VidaExtra | Cuando el Chapulín Colorado se enfrentó a Drácula en un "Castlevania Brasileño" de la Master System En VidaExtra | Gracias a Castlevania y Ghosts'n Goblins existe Metal Gear, pero tienen la culpa de que Kojima nunca haya cumplido su sueño

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