La inteligencia artificial está desatando una nueva fiebre del cobre. Las tecnológicas podrían triplicar su demanda en apenas dos años y la minería ya siente la presión

La inteligencia artificial está desatando una nueva fiebre del cobre. Las tecnológicas podrían triplicar su demanda en apenas dos años y la minería ya siente la presión

La carrera por dominar la inteligencia artificial tiene un protagonista inesperado. No se trata de NVIDIA, de los grandes modelos de lenguaje ni de los procesadores más avanzados del mercado. Es el cobre, un metal que lleva miles de años acompañando a la humanidad y que ahora se está convirtiendo en una pieza fundamental de la infraestructura tecnológica. Las grandes empresas están construyendo centros de datos a una velocidad sin precedentes.

Sin embargo, detrás de cada servidor, sistema de refrigeración y conexión eléctrica existe una enorme infraestructura que necesita cantidades considerables de este material. Las proyecciones de Trafigura, uno de los mayores comercializadores de materias primas del mundo, apuntan a un crecimiento extraordinario: la demanda de cobre vinculada a los centros de datos y la computación en la nube podría alcanzar hasta tres millones de toneladas anuales en 2028, frente al millón estimado para 2026. La IA necesita tantos centros de datos que el cobre se está convirtiendo en un recurso estratégico Interior de un centro de datos con servidores de alta capacidad. Estas instalaciones requieren extensas redes eléctricas y sistemas de distribución que utilizan cobre como conductor. © Microsoft Azure.

Las cifras fueron presentadas por Henry Van, responsable de análisis de metales industriales de Trafigura, durante el encuentro 2026 Base Metals de Bloomberg, celebrado en Londres. Según la información publicada por Bloomberg el 20 de octubre , los planes de inversión de las grandes tecnológicas implicarían un consumo de entre 2,5 y tres millones de toneladas métricas de cobre para 2028. La estimación tiene una condición importante: supone que los proyectos anunciados por los gigantes de la computación lleguen a construirse. No es la previsión central de la compañía.

Un escenario más prudente sitúa la demanda en 1,6 millones de toneladas, lo que igualmente representaría un crecimiento del 60% en dos años. La razón está en las propiedades del metal. Su elevada conductividad eléctrica permite transportar grandes cantidades de energía con pérdidas relativamente reducidas, una característica fundamental en instalaciones donde miles de procesadores funcionan simultáneamente. El informe de S&P Global sobre el cobre en la era de la IA estima que los centros de datos modernos pueden necesitar aproximadamente entre 30 y 40 toneladas de cobre por megavatio de capacidad instalada, dependiendo de su configuración.

La demanda tecnológica crece mientras las minas enfrentan dificultades para aumentar su producción Barras conductoras de cobre utilizadas en sistemas de distribución eléctrica. Son componentes fundamentales para transportar grandes corrientes hacia equipos industriales y centros de datos. © Shutterstock / Jose Barradas. La presión no procede únicamente de los centros de datos. El crecimiento de las redes eléctricas, los vehículos eléctricos y las energías renovables también exige más cobre, mientras que abrir nuevas minas puede llevar años y requiere enormes inversiones.

S&P Global calcula que la demanda mundial de este metal podría aumentar desde unos 28 millones de toneladas en 2025 hasta 42 millones en 2040. Sin nuevas inversiones y mejoras productivas, advierte de un posible déficit de suministro de diez millones de toneladas anuales para entonces. En ese contexto, los centros de datos representan una porción todavía relativamente pequeña del consumo total, pero una de las fuentes de crecimiento más aceleradas. La investigación de S&P Global también advierte que la disminución de las concentraciones de mineral en yacimientos existentes encarece la extracción y dificulta ampliar la oferta.

Para grandes productores como Chile y Perú, esta tendencia abre oportunidades económicas, aunque también plantea desafíos relacionados con el consumo energético, el agua y el impacto ambiental de nuevas explotaciones. La paradoja de la IA: necesita minerales, pero también una red eléctrica capaz de sostenerla El otro gran obstáculo aparece fuera de las minas. No basta con fabricar más servidores: las compañías necesitan garantizar un suministro eléctrico capaz de mantenerlos funcionando de manera permanente. La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos podría prácticamente duplicarse, pasando de 485 TWh en 2025 a unos 950 TWh en 2030.

Los dedicados específicamente a IA crecerían todavía más rápido. Estas previsiones también están sujetas a incertidumbre. Los proyectos pueden retrasarse por falta de energía, permisos, componentes o financiación. Además, las mejoras en eficiencia y el uso de materiales alternativos podrían modificar la cantidad de cobre necesaria por instalación.

Lo que sí resulta evidente es que la expansión de la inteligencia artificial tiene una dimensión física difícil de ignorar . Cada nueva generación de modelos necesita algo más que algoritmos: requiere electricidad, infraestructura y materiales extraídos de la Tierra. La próxima gran limitación de la IA podría no estar en los chips, sino en los recursos necesarios para mantenerlos funcionando. Y el cobre se está convirtiendo en uno de los protagonistas de esa carrera.

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