Muchos visitantes persiguen conocer de cerca la estirpe herrera de una Habana Vieja que exhibe por doquier detalles de una cultura que tuvo su origen en la colonia española. Aldabas, herrería y decoración de puertas constituyen elementos indispensables a apreciar durante un recorrido cultural por La Habana Vieja, en busca de detalles pintorescos que repleten los sentidos y nos remonten a otras épocas. Por tanto, un paseo por plazas, callejones y rincones de esa parte de la capital cubana, destapan una cultura muy singular que tiene increíbles asentamientos en la historia y la arquitectura de la isla, algo que muchos turistas –sobre todo europeos- buscan con denuedo. Una aldaba es una pieza articulada de metal situada en las puertas exteriores de las casas y que sirve para llamar a sus ocupantes por medio de golpes en la puerta.
Las primeras piezas de este tipo datan de la Edad Media, y consistían en martillitos suspendidos de las hojas de las puertas por la parte exterior. La forma más típica y más antigua es la de argolla o aro, de hierro en las más antiguas, generalmente unida a una cabeza de bronce, con diferentes formas, como leones. Se golpeaba con ellas sobre una cabeza de clavo bastante gorda. Estas aldabas servían además como tiradores y en las puertas de algunas iglesias eran un signo de asilo que se requería asiéndose de dicha anilla.
De tan antigua costumbre habla San Gregorio de Tours, al explicar que dicha cabeza era de león, grifo o quimera. De león eran, por ejemplo, las de los llamadores de la portada de la catedral de Puy-en-Vélay del siglo XI y otra del siglo XIII de la puerta occidental de la catedral de Noyón. Esta clase de llamadores se destinaron especialmente a las puertas de las iglesias, sin duda porque así lo pedía la tradición del derecho de asilo. La forma de martillo se usó más en las casas particulares.
Los más antiguos eran sencillísimos y estaban adornados con grabados a buril. Del siglo XV, existen muchos ejemplares de hierro forjado entre los cuales los hay preciosos, delicadamente forjados y cincelados, y con escudo heráldico pintado de los colores correspondientes. Estas explicaciones de los expertos se pueden descubrir en La Habana Vieja, con el contraste de colores y claros oscuros, el enmaderado de las puertas, gruesas y pesadas de algunas casonas, como bien se puede apreciar en La Plaza Vieja, una de las cinco de su tipo que adorna la ciudad. El Renacimiento produjo también bellos llamadores en cuya composición extremaron su arte los cerrajeros.
En el recorrido fotográfico por la Habana Vieja, pues encontramos al Asidero (que sirve para asir, agarrar) es un tipo generalizado de asa que facilita el manejo de un objeto siguiendo las leyes elementales de la ergonomía. También aparecen manijas, manilla, pomo, perilla, tirador o picaporte como el mecanismo que sirve para abrir puertas, y cajones, de varios modelos, tipos y formas de manijas. Y finalmente, existen las que precisan ser forzadas hacia abajo para abrir. Los materiales habituales para la fabricación de manijas son el latón, bronce, aluminio, hierro y otras aleaciones de metales menos comunes.
Así, que bien viene un paseo con la mirada atenta a las puertas de La Habana Vieja, para desentrañar el misterio y las habilidades de los herreros de época, incrustado en la madera y con mucho para contar. mem/rfc