La segunda vuelta de la elección presidencial de Brasil que se llevará a cabo este domingo será crucial para redefinir el panorama político de América Latina , así como las alianzas de la región con los antagonistas EE.UU. y China. El balotaje enfrenta al presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva , quien encabeza su séptima campaña presidencial y que, a sus 80 años, aspira a una nueva reelección; y al senador ultraconservador Flávio Bolsonaro , hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2023), quien cumple una condena por haber intentado un golpe de Estado cuando terminó su Gobierno. 1.- Factor económico La polarizada disputa electoral está cargada de tensión porque en la primera vuelta que se realizó el pasado 4 de octubre, Bolsonaro ganó con el 47,03 % de los votos y Lula quedó en segundo lugar con el 45,16 %. El final para el balotaje está abierto . Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, durante un acto de campaña por la reelección.
Mateus Bonomi / Anadolu / Gettyimages.ru Son múltiples las razones por las que las miradas de América Latina están puestas en Brasil. Sus 8,5 millones de kilómetros cuadrados lo convierten en el país más grande de la región, y sus más de 200 millones de habitantes, en el más poblado. Es un mercado apetecido. Además, las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) apuntan a que, gracias a un Producto Interno Bruto (PIB) de 2,66 billones de dólares, Brasil se incorporará en 2026 a la lista de las 10 economías más grandes del mundo .
El próximo año subirá al octavo lugar porque este indicador crecerá a 2,80 billones de dólares. Es el único país de América Latina que forma parte de este privilegiado grupo. Pero, más allá de lo económico, la elección tiene un impacto político debido a que Lula pone en juego un legado que lo convirtió en uno de los políticos más importantes de la historia de América Latina , actualmente en una región en la que predomina una derecha y ultraderecha interesadas en mantener vínculos con EE.UU. incluso a costa de la soberanía . Flávio Bolsonaro, candidato presidencial de Brasil.
Wagner Meier / Gettyimages.ru 2.- Factor político El proceso en Brasil cierra un calendario electoral 2026 en América Latina en el que todos los triunfos fueron para políticos conservadores: en febrero fue el turno de Laura Fernández , en Costa Rica ; tres meses más tarde le siguieron Keiko Fujimori , en Perú; y Abelardo de la Espriella , en Colombia . La oleada derechista ya se había intensificado el año pasado con la llegada al poder de Daniel Noboa ( Ecuador ); Rodrigo Paz ( Bolivia ); José Antonio Kast ( Chile ); y Nasry Asfura ( Honduras ). Y antes, con Javier Milei ( Argentina ) y Nayib Bukele ( El Salvador ). En Brasil, Trump y el resto de su gabinete han manifestado abiertamente su apoyo a Bolsonaro , como lo hicieron con el resto de los candidatos conservadores que se postularon en las elecciones latinoamericanas.
Por ello, una eventual victoria del senador consolidaría a un grupo de gobiernos que mantienen una alianza con EE.UU. , que apoyan sus cuestionadas políticas migratorias y de seguridad y que, en la mayoría de los casos, incluso ya se sumaron al Escudo de las Américas creado por Trump supuestamente para luchar contra el narcotráfico y terrorismo. Lula, quien ha mantenido múltiples disputas con Trump y suele condenar políticas que califica como intervencionistas, se ha consolidado como un dique ante este avance de la derecha . El contrapeso se basa en discursos soberanistas y de independencia que contrastan con los pactos que los gobiernos conservadores sellan con EE.UU., bajo el mandato de un líder que explicita sus intereses de controlar América Latina a través de una estrategia conocida como Doctrina Donroe, en referencia a la Doctrina Monroe que el presidente James Monroe (1817-1825) estableció en el siglo 19 y que consideraba que todo el continente americano era zona de influencia de EE.UU. Si Lula pierde la elección, la resistencia ante los embates de EE.UU. ya solo lo ejercería Claudia Sheinbaum , la presidenta de México (el segundo país más grande de la región), que mantiene con Trump una tensa relación política , comercial y de seguridad marcada por los miles de kilómetros de frontera que comparten ambos países. 3.- El papel de China Desde que el año pasado inició su segundo mandato, Trump ha reconocido que uno de sus mayores intereses es desplazar la influencia China en América Latina .
En el caso de Brasil, la revista Dang Dai explica que China ha sido su mayor socio comercial desde 2009 y la cooperación bilateral se ha expandido del comercio de productos básicos a áreas como infraestructura, transición energética y economía digital. Qué efectos podría tener una victoria de Bolsonaro para Rusia y el BRICS Pero un eventual triunfo de Bolsonaro podría modificar esta relación y, por ejemplo, reducir la cooperación con China en la ampliación de la tecnología 5G o la explotación de minerales críticos. Por otra parte, la revista China en las Américas precisó que el comercio entre Brasil y China alcanzó un récord de 143.000 millones de dólares entre enero y septiembre de este año, lo que representa un incremento de 11,1 % frente al mismo período de 2025. La relación comercial con China es superavitaria para Brasil , ya que sus exportaciones suman 84.700 millones de dólares e implican un aumento del 12 % en el último año; en tanto que las importaciones desde China registran 58.600 millones de dólares y han crecido a un ritmo más lento del 9,9 %.
Con EE.UU., que es el segundo socio comercial de Brasil , ocurre lo contrario, ya que la relación es deficitaria para el país sudamericano. En 2025, el comercio bilateral fue de 94.230 millones de dólares, de los cuales la mayor parte (54.329 millones de dólares que representan el 57,6 %) corresponden a las exportaciones estadounidenses. En los primeros nueve meses de 2026, el intercambio llegó a los 61.448 millones de dólares, con una persistente tendencia positiva para EE.UU. En este contexto, la relación comercial con China es más favorable para Brasil que la de EE.UU. , por lo que es una incógnita de qué manera una eventual presidencia de Bolsonaro modificaría las políticas económicas y diplomáticas para cumplir con el objetivo estadounidense de reducir el peso del país asiático.