Bloomberg — Los republicanos comenzaron el ciclo electoral de mitad de mandato de 2026 con el mapa del Senado como una de sus mayores ventajas. Sin embargo, las cosas no resultaron así. A menos de dos semanas de las elecciones, el presidente Donald Trump está haciendo campaña a la defensiva en bastiones republicanos como Carolina del Sur y Misisipi. Distintos grupos están volcando dinero en estados profundamente republicanos, como Texas.
Hay señales de que los republicanos prácticamente renunciaron a ganar en lugares donde deberían tener ventaja, incluidos Georgia y Carolina del Norte. Dirigentes partidarios afirman que este año el “muro rojo” —un conjunto de estados que votan de manera confiable por los republicanos y que son necesarios para garantizar una mayoría— incluye Iowa, Ohio y Alaska, estados que Trump ganó por amplios márgenes hace apenas dos años. Las encuestas y el voto anticipado sugieren que el impulso favorece a los demócratas, que necesitan ganar cuatro bancas netas para quedarse con el control de la Cámara Alta. La capacidad del partido para mantener ese impulso hasta el 3 de noviembre determinará si logra superar las ventajas geográficas y de financiamiento de los republicanos.
Los estrategas demócratas afirman que ganar el Senado seguirá siendo un desafío, ya que deberán imponerse en estados donde Trump obtuvo victorias contundentes. “Creo que, si la ola es lo suficientemente grande como para atravesar el muro que construyeron con todo ese dinero y todos esos anuncios televisivos, podríamos tener un Senado con entre 53 y 54 demócratas”, afirmó David Axelrod, estratega demócrata. “Si la ola es más pequeña, los demócratas podrían tener dificultades para llegar a 51”. Pocos anticipaban que la disputa por el Senado se desarrollaría en un terreno tan competitivo como el actual. A comienzos de 2025, las únicas dos contiendas que los demócratas consideraban oportunidades reales para ganar bancas eran las de Carolina del Norte y Maine, según un demócrata que trabaja en las elecciones al Senado y que pidió no ser identificado para poder hablar sobre las evaluaciones internas. A medida que el escenario político se deterioró para los republicanos, sumaron Ohio y Alaska a la lista.
Más recientemente, Texas, Iowa y Kansas se convirtieron en nuevas posibilidades, señaló la fuente. Trump instó a sus seguidores más leales a actuar como si él mismo figurara en la boleta electoral. El llamado apunta a movilizar a votantes que suelen participar menos, pero que acudieron a las elecciones generales para respaldarlo y no suelen hacerlo en los comicios de mitad de mandato. También ofreció una lista cada vez más extensa de incentivos, entre ellos la promesa de enviar cheques de US$5.000 a los estadounidenses si los republicanos conservan el control de la Cámara de Representantes y el Senado, además de un paquete de rescate para los agricultores, duramente afectados por sus políticas.
Sin embargo, sus actos de campaña también derivaron en ocasiones en una retórica extravagante, con Trump recurriendo a insultos y expresiones discriminatorias, criticando el sentido de la moda de Ken Paxton, candidato republicano al Senado por Texas, y dedicando elogios poéticos al físico del senador por Ohio Jon Husted. Aunque ha proyectado confianza y sostiene que las encuestas suelen equivocarse, en ocasiones Trump también pareció reconocer la situación en la que se encuentra su partido. En un acto en Carolina del Norte, pareció admitir que el demócrata Roy Cooper probablemente derrotaría al republicano Michael Whatley. “Va a convertirse en su senador y es una locura”, dijo Trump en un momento del acto. Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca, afirmó que Trump había “creado una de las coaliciones más sólidas de la historia política con el movimiento MAGA y que el presidente entiende cómo comunicarse con sus integrantes”. “El presidente Trump es el líder indiscutido, el mejor comunicador y el movilizador más eficaz del Partido Republicano, y está comprometido con mantener las mayorías republicanas en el Congreso”, sostuvo Ingle en una declaración enviada por correo electrónico.
Las encuestas muestran que muchas de las contiendas que determinarán el control del Senado siguen siendo muy reñidas. Aunque cada estado presenta factores diferentes, las bajas calificaciones que recibe el liderazgo de Trump, junto con el malestar por el costo de vida y la guerra en Irán, afectan a todos los candidatos. VER MÁS: La guerra entre Estados Unidos e Irán está empeorando el hambre en el mundo Una encuesta reciente de The New York Times mostró que apenas el 36% de los votantes con mayor probabilidad de acudir a las urnas aprueba el liderazgo de Trump, frente a un 59% que lo desaprueba. Una abrumadora mayoría, del 75%, considera que la situación económica del país es regular o mala, mientras que más de la mitad cree que los demócratas gestionarían mejor que los republicanos cuestiones como la economía, los precios de la gasolina y las guerras en el exterior.
El estratega demócrata que trabaja en las elecciones al Senado afirmó que su partido se beneficia del contexto político, pero también de contar con candidatos sólidos, adecuados para sus respectivos estados y capaces de defender propuestas que vayan más allá de la retórica contra Trump. La barrera de contención, perforada Ahora los republicanos confían en una enorme ventaja de gasto para mantener sus posiciones, incluidos cientos de millones de dólares aportados por Elon Musk, el súper comité de acción política de Trump y los comités republicanos. Un consultor republicano que pidió mantener el anonimato para hablar con franqueza afirmó que el partido está luchando por conservar los estados del muro rojo. Sostuvo que las contiendas siguen siendo muy parejas y que todavía hay más probabilidades de mantener el control del Senado que de perderlo.
Otro estado que los republicanos consideran clave es Maine, donde Trump perdió en 2024, pero cuya senadora en ejercicio, Susan Collins, ha demostrado durante mucho tiempo su capacidad para resistir los desafíos demócratas. Sin embargo, el consultor señaló que el gasto republicano tiene un alcance limitado en el contexto actual y que, a partir de cierto punto, los rendimientos comienzan a disminuir. Además, las políticas de Trump en materia económica, migratoria y de la guerra en Medio Oriente están perjudicando a los republicanos entre los votantes. Estados agrícolas como Iowa y Kansas han tenido dificultades por los aranceles de Trump y los precios del diésel.
Los estados que mantienen un volumen importante de comercio con Canadá, entre ellos Michigan, Alaska y Maine, se han visto perjudicados por la guerra comercial del presidente con Ottawa. En todo el país, los votantes están molestos por los costos en las estaciones de servicio, los supermercados y los consultorios médicos. Además, han señalado que Trump prestó más atención a la construcción de salones de baile que a la reducción de los precios. El presidente ha destacado la solidez del mercado laboral, las exenciones impositivas para las propinas y las horas extras, y los reembolsos de impuestos como pruebas de que la economía está más fuerte.
Sin embargo, el encarecimiento de los bienes y servicios ha erosionado esos beneficios para los consumidores. El enojo de los votantes contra las élites políticas también ha aumentado, a medida que los estadounidenses expresan su frustración por la corrupción y por lo que consideran un uso del poder en beneficio propio por parte del gobierno de Trump en Washington. “El flujo diario de nuevas revelaciones sobre manejos turbios que salen de la Casa Blanca representa una carga enorme para los candidatos republicanos al Senado”, afirmó Marc Short, estratega republicano que trabajó durante el primer mandato de Trump. “Se han abierto enormes agujeros en la barrera de contención”. Lea más en Bloomberg.com