Bloomberg Línea — Después de años fuera de Venezuela, una nueva generación de emprendedores comienza a regresar al país para desarrollar proyectos tecnológicos, ampliar operaciones o identificar oportunidades de negocio en sectores que consideran poco desarrollados. Algunos se marcharon durante su infancia o adolescencia y construyeron sus carreras en mercados como España, Estados Unidos o Colombia. Otros ya habían iniciado empresas en Venezuela, se expandieron al exterior y ahora están cambiando sus prioridades. El movimiento no comenzó este año.
Desde 2021, algunos profesionales venezolanos empezaron a regresar para incorporarse a compañías tecnológicas y participar en proyectos vinculados al mercado local, aunque entonces eran casos menos visibles. Ahora, el interés por emprender en Venezuela vuelve a aparecer en el ecosistema de startups, con iniciativas relacionadas con el financiamiento al consumo, el mercado inmobiliario y los servicios financieros internacionales. Uno de los primeros ejemplos fue Andoni Álava, actual vicepresidente comercial de Cashea, y quien regresó al país desde España, vinculado a Asistensi. Posteriormente se incorporó a PedidosYa y ahora forma parte de una de las empresas que ha ganado presencia en el mercado venezolano con su modelo de financiamiento de compras.
La trayectoria de Álava muestra cómo algunos profesionales han trasladado al país la experiencia adquirida en otros mercados a través de distintas etapas de crecimiento empresarial. “Al llegar a Venezuela lo pensé demasiado, y ahora sé que fue la decisión correcta. No sé cómo me sentiría estando afuera, con todo lo que está ocurriendo este año”, comenta. Pedro Vallenilla, fundador de Cashea, representa otra forma de mantener esa conexión. Aunque en principio no residía permanentemente en Venezuela, su presencia en el país se hizo más recurrente a medida que la compañía fue ampliando sus operaciones.
Actualmente se encuentra establecido. “Qué suerte volver a mudarme para mi país, que mis hijos vean una Venezuela distinta”, dijo en una entrevista. La dimensión de esta diáspora ayuda a entender el valor potencial de ese movimiento. Según la plataforma regional R4V, coordinada por ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), cerca de 7,9 millones de venezolanos habían salido del país, de los cuales unos 6,7 millones residían en América Latina y el Caribe, de acuerdo con cifras gubernamentales actualizadas a mayo de 2025. La emigración también ha afectado a la población en edad de trabajar: un estudio demográfico publicado en Population and Development Review estimó que las salidas registradas entre 2011 y 2021 redujeron en 17,8% la población venezolana de entre 15 y 64 años respecto al escenario previsto sin migración. | Empresa | Persona | Rol | De dónde viene | Sector | Dato clave | |---|---|---|---|---|---| | Cashea | Andoni Álava | VP Comercial | España | Financiamiento de compras | Fue de los primeros en regresar. | | Cashea | Pedro Vallenilla | Fundador | Exterior | Financiamiento de compras | Ya está estableciendo en Venezuela. | | Krece | Jonathan Bentata | Confundador | Empresas internacionales | Crédito al consumidor | Créditos de US$40 a US$600; operó en 4 países y ahora prioriza a Venezuela. | | Propiedash | Rodrigo Casanova | Director de marketing y crecimiento | Madrid | Inmobiliario | Plataforma con 4 meses de creada. | | Qash | Ami Spiwak (con Boris, CEO) | Cofundador | Colombia | Infraestructura financiera | Pagos en más de 80 países y 50 monedas. | Aunque no existe una cifra única que permita establecer cuántos de esos emigrantes son profesionales o emprendedores, los datos muestran la dimensión de la pérdida de capital humano que enfrenta el país.
La eventual reconexión de parte de esa población con Venezuela podría facilitar la llegada de experiencia, redes internacionales y proyectos empresariales. Entre quienes están impulsando nuevas iniciativas figura Jonathan Bentata, cofundador de Krece, una plataforma de financiamiento al consumidor que lleva tres años operando. La empresa comenzó ofreciendo crédito para la compra de teléfonos celulares y amplió después sus servicios a otras modalidades de financiamiento. Su aplicación permite acceder a líneas de crédito de entre US$40 y US$600, dependiendo del perfil del usuario y de su comportamiento en la plataforma.
Bentata y su socio, ambos venezolanos y procedentes de familias emprendedoras, habían trabajado en empresas internacionales antes de decidirse a desarrollar el proyecto. La oportunidad que identificaron fue una de las carencias del mercado venezolano: el acceso al crédito para los consumidores. “Nos damos cuenta de todo lo que falta aquí. En nuestro caso fue crédito, pero vienen bastantes startups y bastante gente haciendo cosas que en el resto de los países es algo básico y aquí no existe”, explicó Bentata a Bloomberg Línea, en el marco del Startup Venezuela Summit en Caracas. La estrategia inicial de Krece contemplaba utilizar Venezuela como punto de partida y expandirse a otros mercados si el modelo funcionaba.
La compañía llegó a operar en cuatro países, pero este año decidió volver a priorizar Venezuela, en un contexto que su cofundador describe como de mayor apertura a la inversión privada y creciente interés internacional. “Ya no queremos enfocarnos en otros países, vamos a enfocarnos en Venezuela”, afirmó. La decisión de Krece coincide con la de otros emprendedores que están regresando para desarrollar negocios desde el país. Rodrigo Casanova, director de marketing y crecimiento de Propiedash, explicó que la idea de la plataforma surgió cuando él y su hermano intentaron mudarse de Madrid a Caracas y se encontraron con dificultades para buscar una vivienda. La falta de información clara, la duplicación de anuncios y la dificultad para verificar las características de los inmuebles les hicieron identificar una oportunidad en el mercado inmobiliario.
Propiedash permite buscar propiedades para comprar, vender o alquilar en distintas categorías, desde apartamentos hasta galpones y fincas, con el objetivo de reunir la información en una sola plataforma. “Nos encontramos con un sistema con poca claridad, poca transparencia y totalmente antiguo y arcaico”, dijo Casanova, de 20 años de edad, a Bloomberg Línea. Para los fundadores, la experiencia adquirida en España y Estados Unidos les permitió reconocer diferencias en la forma en que se presentan los inmuebles y se organiza la búsqueda de vivienda. El reto ahora es convencer a los agentes inmobiliarios de adoptar nuevas herramientas y conseguir suficiente oferta y demanda para sostener el funcionamiento de la plataforma. “Tener esa perspectiva de afuera nos da la habilidad de ver cómo un sistema puede mejorar tan drásticamente”, señaló Casanova, quien también vinculó su decisión de emprender en Venezuela con el interés de construir en el país de sus raíces familiares. El renovado interés por emprender en Venezuela coincide con un cambio en el entorno económico y regulatorio, en medio del acercamiento con Estados Unidos y de nuevas señales de apertura a la inversión privada.
Durante 2026, el país aprobó una reforma de la legislación de hidrocarburos y avanzó en cambios regulatorios en sectores como la minería, mientras Washington flexibilizó algunas restricciones para determinadas inversiones y operaciones autorizadas. Aunque buena parte de estas medidas se concentra en actividades estratégicas, principalmente energéticas, contribuyen a modificar las expectativas sobre el mercado venezolano y a reabrir el debate sobre las condiciones necesarias para atraer capital privado. La estabilidad normativa, la protección de las inversiones y la previsibilidad institucional siguen siendo desafíos pendientes, pero el nuevo contexto coincide con el interés de algunos emprendedores por desarrollar proyectos en el país. Propiedash, por ejemplo, apenas comenzó a tomar forma hace cuatro meses, después de que sus fundadores regresaran desde Madrid y detectaran oportunidades en el mercado inmobiliario.
El regreso también puede producirse a través de empresas creadas en el exterior que buscan incorporar a Venezuela a sus operaciones. Qash, una compañía de infraestructura financiera cofundada por Ami Spiwak, nació en Colombia después de que su familia abandonara Venezuela hace más de dos décadas y reconstruyera allí su actividad empresarial. La empresa comenzó ofreciendo cuentas en dólares a compañías colombianas y posteriormente amplió sus servicios a empresas, bancos y fintech. Entre sus productos figuran cuentas en dólares, tarjetas Visa y herramientas para convertir entre monedas tradicionales y activos digitales vinculados al dólar, como USDC y USDT.
Según Spiwak, Qash puede recibir bolívares y facilitar pagos en más de 80 países y 50 monedas. La compañía busca atender a exportadores de servicios, agencias de mercadeo, empresas tecnológicas y negocios vinculados al turismo médico, entre otros clientes que necesitan operar internacionalmente. “Nos fuimos antes de que cayera el diluvio y reconstruimos en Colombia”, relató Spiwak al describir la trayectoria de su familia. La llegada de Qash también tiene un significado personal. Su padre, Ángel, y su hermano mayor, Boris, director ejecutivo de la empresa, llevaban casi 15 años sin visitar Venezuela.
El lanzamiento de la plataforma representa un nuevo vínculo con el mercado del que partió la familia, ahora a través de un negocio desarrollado en el exterior. La conexión con Venezuela es precisamente uno de los elementos que Andrés Bilbao, parte del equipo fundador de Rappi, destaca al analizar el papel de la diáspora en el ecosistema emprendedor. En su opinión, los venezolanos que han desarrollado sus carreras en otros países mantienen un vínculo con su mercado de origen que puede facilitar nuevas alianzas con quienes permanecieron en él, además de favorecer la transferencia de conocimiento y la expansión regional de las empresas. Esa relación puede adquirir relevancia en un entorno en el que muchos empresarios locales han tenido que concentrarse en mantener sus negocios operativos y administrar recursos limitados.
Bilbao considera que uno de los retos es pasar de esa lógica de supervivencia a otra orientada al crecimiento. “Es como quitarse el hábito de pensar en escasez y supervivencia y comenzar a pensar expansivo, expansivo”, afirmó. Los casos de Krece, Propiedash y Qash muestran distintas maneras de convertir esa conexión con Venezuela en actividad empresarial. En unos, la apuesta consiste en desarrollar soluciones para necesidades locales; en otros, en redirigir recursos hacia el mercado venezolano o facilitar que empresas del país operen internacionalmente. Sin embargo, todavía es necesario determinar hasta qué punto estos casos forman parte de una tendencia más amplia.
El regreso de emprendedores no implica necesariamente una mudanza permanente ni garantiza nuevas inversiones de gran escala. La evolución del entorno económico, la capacidad de consumo, el acceso al financiamiento y las condiciones para operar seguirán influyendo en las decisiones de estas compañías. Por ahora, sus experiencias apuntan a una misma dirección: una parte de la diáspora empieza a convertir su conocimiento de otros mercados y sus vínculos con Venezuela en nuevos proyectos empresariales. La dimensión que alcance ese movimiento dependerá de si estas iniciativas logran consolidarse y traducir sus planes en inversión, empleo y crecimiento sostenido.