Terremoto en el grupo Baskonia-Alavés

Terremoto en el grupo Baskonia-Alavés

Josean Querejeta, propietario del grupo Baskonia Alavés, podría plantearse dejar la presidencia y la gestión de Saski Baskonia, el club de Vitoria-Gasteiz que ha convertido en una referencia del deporte europeo. La reflexión tiene fecha y escenario, la pañolada que recibió en el Buesa Arena tras la derrota ante el Real Madrid. Ese mismo día se cumplían 38 años de su llegada a la presidencia, un 27 de octubre de 1988. Pocos días antes había liderado una decisión drástica: la destitución de Paolo Galbiati, campeón de la última Copa del Rey en Valencia, pero con números desoladores en la Euroliga, y la llegada de Perasovic al banquillo del Kosner Baskonia.

Para un dirigente estricto y de profundas convicciones, la crítica forma parte del cargo; el insulto es otra cosa. Esa barrera, una vez cruzada, obliga a preguntarse si vale la pena seguir. Y la pregunta llega en el peor momento posible, porque Querejeta no gestiona solo un equipo, tiene sobre la mesa el proyecto más ambicioso de su historia, con la oferta de compra del Buesa Arena a la Diputación Foral de Álava para convertirlo en una instalación cinco estrellas, dentro de un plan global de 153 millones de euros. Socio fundador de la Euroliga, Querejeta lleva décadas sosteniendo una batalla cada vez más desigual, los presupuestos de los grandes europeos no dejan de crecer y fichar talento de primer nivel se ha vuelto una carrera imposible para una ciudad de 250.000 habitantes.

Precisamente por eso nació el proyecto, generar los recursos que el baloncesto ya no da. Si finalmente decide dar un paso al lado, la noticia no sería solo una bomba deportiva, sino también económica. ¿Cuál sería el futuro del grupo? ¿Estaría en riesgo su continuidad? Porque en el fondo no subyace una protesta puntual de grada. Subyace algo más serio, la dificultad de encontrar apoyos y consensos para sacar adelante los proyectos de los que depende la supervivencia del Baskonia.

Y ahí radica lo más importante. A esa pregunta de si habría consenso todos dan una misma respuesta: no.

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