Brasil quiere trasladar el compromiso internacional de reducir la dependencia del petróleo, el gas y el carbón del terreno de las declaraciones al de las políticas concretas. La Presidencia brasileña de la COP30 ha publicado una hoja de ruta global para el abandono de los combustibles fósiles que busca orientar a los países en el diseño de sus propias estrategias y acelerar las inversiones necesarias durante esta década. La propuesta llega a pocos días de la COP31, que se celebrará en Antalya, Turquía, del 9 al 20 de noviembre. El documento es voluntario y no prescriptivo, por lo que no obliga a los gobiernos a seguir un único modelo.
La iniciativa pretende establecer unas bases compartidas para avanzar hacia una transición “justa, ordenada y equitativa” y alcanzar las emisiones netas cero en 2050 , teniendo en cuenta las diferencias económicas y energéticas entre los países. Brasil plantea convertir el compromiso de abandonar progresivamente los combustibles fósiles en políticas nacionales, inversiones y resultados medibles Tres pilares para ordenar la transición energética Uno de los principales instrumentos de la propuesta es el denominado Enfoque de Preparación de Belém , diseñado para evaluar la exposición de cada país a los combustibles fósiles y su capacidad para gestionar la transformación de su sistema energético. La metodología organiza el diagnóstico alrededor de tres grandes pilares: demanda de energía , oferta de energía y el conjunto de la economía . La intención es que cada país pueda detectar sus principales vulnerabilidades y determinar qué medidas debe priorizar.
Pilar Principales ámbitos de actuación Demanda energética Transporte, industria, edificios, eficiencia y electrificación Oferta energética Renovables, reducción de combustibles fósiles, redes, almacenamiento y seguridad de suministro Economía Inversión, dependencia fiscal, coste del capital, precios y financiación La hoja de ruta considera que la reducción de la producción de combustibles fósiles debe avanzar de manera coordinada con la disminución de la demanda y con el despliegue de sistemas energéticos de bajas emisiones. Una reducción de la oferta mucho más rápida que la demanda podría provocar problemas de suministro y volatilidad de precios, mientras que mantener una producción superior a las necesidades futuras podría prolongar la dependencia del petróleo, el gas y el carbón y generar activos e inversiones infrautilizados. La transición deberá coordinar la caída de la demanda de petróleo, gas y carbón con el crecimiento de las energías limpias y de las redes eléctricas Inversión, redes y almacenamiento La transformación física del sistema energético constituye otra de las grandes prioridades. La propuesta apuesta por acelerar las energías renovables , mejorar la eficiencia energética, reducir las emisiones de metano y ampliar el acceso universal a una energía moderna y asequible.
El desarrollo de nuevas redes eléctricas, sistemas de almacenamiento energético y herramientas para gestionar digitalmente la demanda aparece como una condición necesaria para integrar una proporción creciente de fuentes renovables sin comprometer la seguridad energética. La financiación será igualmente determinante. El plan plantea mejorar las señales para los inversores, movilizar capital público y privado y reducir las barreras que todavía dificultan el desarrollo de proyectos relacionados con la descarbonización . La elaboración del documento ha estado precedida por un proceso de consulta internacional que recibió 267 contribuciones.
De ellas, 21 procedieron de países o grupos de países que representaban, en conjunto, a 115 partes de la Convención climática. Un calendario hasta 2033 Brasil pretende que la hoja de ruta no quede limitada a la próxima cumbre climática. La propuesta plantea mantener la cooperación internacional durante los próximos años y conectar los avances con los principales hitos del Acuerdo de París . Entre ellos figura el segundo Balance Global previsto para 2028, que permitirá examinar nuevamente el progreso colectivo de los países frente a los objetivos climáticos.
La Presidencia de la COP30 propone además impulsar un Mutirão TAFF , una agenda colectiva destinada a acelerar las actuaciones coordinadas durante esta década y mantenerlas hasta 2033. La iniciativa brasileña busca que los países comiencen ahora a evaluar su exposición a los combustibles fósiles y conviertan el diagnóstico en planes nacionales La asesora de Energía de la Presidencia de la COP30, Amanda Ohara, ha defendido que el objetivo no es que los gobiernos reproduzcan exactamente la propuesta brasileña, sino facilitar unas bases comunes desde las que puedan elaborar sus propias hojas de ruta. La responsable considera que el debate sobre la eliminación progresiva de los combustibles fósiles ganará peso en los próximos años y deberá extenderse a futuras presidencias de las COP, al G20, al sistema de Naciones Unidas y a otros espacios de cooperación internacional. Australia y Turquía afrontan su propio desafío La celebración de la COP31 en Turquía situará también bajo el foco las políticas energéticas de Ankara y Canberra.
Turquía ejercerá como país anfitrión y Murat Kurum ha sido nominado presidente de la COP31, mientras que el australiano Chris Bowen presidirá las negociaciones climáticas. Organizaciones ambientales de ambos países reclaman que esa responsabilidad internacional tenga un reflejo en sus políticas internas. Kathryn McCallum, directora de estrategia de Climate Action Network Australia, ha reclamado que Australia y Turquía colaboren para generar un mayor impulso político y abrir espacios de negociación sobre financiación, equidad y las barreras que dificultan la transición. En el caso australiano, las críticas se centran en la continuidad de nuevos proyectos relacionados con el petróleo, el gas y el carbón.
En Turquía, Greenpeace advierte de la elevada presencia del carbón dentro del sistema eléctrico y reclama un calendario para su eliminación, al tiempo que cuestiona los planes del país para reforzar su posición como centro regional del gas. La credibilidad de la transición también dependerá de que los países responsables de liderar las negociaciones adapten sus propias políticas energéticas África pide financiación y capacidad industrial La hoja de ruta abre además un debate especialmente relevante para África , donde el abandono de los combustibles fósiles convive con elevados niveles de pobreza energética y con economías dependientes de la extracción y exportación de materias primas. Seble Samuel, responsable africana de campañas de la Iniciativa del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, ha defendido que la transición debe incorporar financiación climática , transferencia tecnológica y desarrollo de capacidades industriales dentro del continente. El objetivo, sostiene, debe ser evitar que la expansión de las energías renovables reproduzca con los minerales críticos el mismo modelo de dependencia económica desarrollado durante décadas alrededor de otros recursos naturales.
La propuesta pasa también por elaborar hojas de ruta participativas, apoyar a las comunidades afectadas y aumentar el valor añadido generado dentro de las propias economías africanas. De Brasil a la COP31 La iniciativa presentada por Brasil sitúa así el abandono de los combustibles fósiles entre los grandes asuntos que marcarán la COP31. El debate ya no se limita a fijar objetivos climáticos globales, sino que se desplaza hacia cómo financiar la transición, qué infraestructuras construir, cómo proteger a trabajadores y territorios y a qué velocidad puede reducir cada economía su dependencia del petróleo, el gas y el carbón. El principal desafío en Antalya será comprobar hasta qué punto los países están dispuestos a transformar esos compromisos internacionales en estrategias nacionales, inversión y cambios reales en sus sistemas energéticos.