La maquinaria bélica de EEUU e Israel no puede destruir el monte Pico ni resistir una represalia devastadora de Irán

La maquinaria bélica de EEUU e Israel no puede destruir el monte Pico ni resistir una represalia devastadora de Irán

Por: Yousef Ramazani Las amenazas de Estados Unidos e Israel contra las instalaciones del monte Pico, en Irán, han alcanzado niveles extremos. El presidente Donald Trump ha asegurado que el emplazamiento podría ser “neutralizado” en cuestión de minutos, mientras que, según informaciones, responsables del régimen israelí estarían presionando para adoptar medidas extremas. Sin embargo, las instalaciones se encuentran fuera del alcance de todas las armas de los arsenales estadounidense e israelí, y el coste político de cualquier ataque sería catastrófico para los agresores. El 1 de noviembre de 2026, apenas unos días antes de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, Trump declaró ante los periodistas que Washington todavía tenía “uno o dos emplazamientos” de Irán de los que debía ocuparse y mencionó expresamente el monte Pico. “Podemos hacerlo en diez minutos”, afirmó. “Podemos hacer todo esto muy rápidamente”.

La declaración recordó sus palabras de julio, cuando aseguró que Estados Unidos atacaría la zona “muy pronto y con mucha contundencia”, y añadió que “no hay nada que puedan hacer al respecto”. Según las informaciones, Netanyahu, que perdió las elecciones israelíes, ha estado llamando a Trump casi a diario para presionarlo a lanzar ataques. Los medios israelíes han señalado que esta presión continúa, pese al estancamiento de las negociaciones mediadas por Catar. Las informaciones surgidas a raíz de una publicación del 1 de noviembre del periodista Tucker Carlson en las redes sociales indican que la ventana para tomar una decisión se sitúa en los días posteriores a las elecciones de medio mandato, en las que el Partido Republicano de Trump sufrió una contundente derrota.

Sin embargo, las instalaciones que Trump ha señalado no constituyen un objetivo que pueda ser eliminado mediante la potencia de fuego. Se trata de una fortaleza geológica cuya física hace ineficaces tanto las opciones convencionales como las nucleares. ¿Cómo otra agresión de EEUU e Israel contra Irán podría poner en el punto de mira la infraestructura nuclear israelí? | HISPANTV Una nueva agresión estadounidense-israelí contra las instalaciones nucleares de Irán podría desencadenar una represalia más contundente y exponer la infraestructura nuclear clandestina de Israel a devastadores ataques con misiles iraníes. Una geografía inexpugnable El monte Pico (Pickaxe en inglés), conocido en persa como Kuhe Kolang Gaz La, se encuentra aproximadamente a dos kilómetros al sur del complejo nuclear de Natanz, en la provincia de Isfahán, a unos 250 kilómetros al sur de Teherán. Su cima alcanza aproximadamente los 1608 metros sobre el nivel del mar.

El nombre de la montaña deriva de su forma característica, pero su verdadera importancia reside en lo que se encuentra bajo su superficie. Las imágenes satelitales muestran dos pares de entradas a túneles excavados en los flancos oriental y occidental de la cresta montañosa. La entrada occidental se encuentra aproximadamente a 100 metros por debajo del punto más elevado de la cresta, mientras que la oriental está a unos 150 metros de ese punto. Se estima que las instalaciones se encuentran al menos entre 80 y 100 metros bajo la superficie, enterradas no en roca ordinaria, sino en formaciones geológicas densas y extremadamente resistentes.

La geología regional forma parte del arco magmático de Urumie-Dojtar, una de las principales provincias geológicas de Irán, originada por una prolongada historia de convergencia y subducción relacionada con el océano Neotetis y la posterior colisión entre las placas continentales Arábiga y Euroasiática. El entorno resultante se caracteriza por una variada composición de rocas ígneas: rocas volcánicas como andesitas, dacitas y riolitas, así como rocas intrusivas, entre ellas dioritas, granodioritas y granitos. También existen formaciones sedimentarias, incluido el calizo. La montaña está constituida por capas alternas de andesita y caliza, aunque algunas descripciones difundidas por los medios han especulado con que su composición es predominantemente granítica.

La andesita es comparable al granito y, en determinadas formaciones, incluso más dura que este. Su resistencia a la compresión puede alcanzar varios cientos de megapascales, lo que la convierte en una formidable barrera natural. Independientemente de su composición exacta, la masa rocosa de la montaña proporciona una protección natural considerable. Las instalaciones han sido excavadas en el interior de la montaña, aprovechando la roca circundante como estructura protectora natural, en lugar de depender exclusivamente de defensas artificiales.

La elección del emplazamiento no es casual. Se cree que los ingenieros iraníes seleccionaron una zona con la composición rocosa más resistente posible. También es probable que las instalaciones estén enterradas a una profundidad muy superior a la de las entradas y que las cámaras subterráneas cuenten con un aislamiento excepcional frente a los movimientos sísmicos. Instalaciones subterráneas del monte Pico Los límites de las armas convencionales La bomba antibúnker convencional más potente del arsenal estadounidense es la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, un arma que pesa aproximadamente 13,6 toneladas.

Según las estimaciones de dominio público, la GBU-57 puede penetrar unos 18 metros de hormigón o 60 metros de tierra en condiciones óptimas. La posibilidad de que atraviese 100 metros de roca maciza es una cuestión que los expertos militares contemplan con profundo escepticismo. La comparación con Fordo resulta ilustrativa. Fordo, la instalación nuclear más fortificada de Irán antes de la aparición del monte Pico, fue construida en el interior de una montaña.

Según informes oficiales estadounidenses, sus bombarderos B-2 lanzaron varias bombas antibúnker de 30 000 libras sobre Fordo en junio de 2025. El resultado, de acuerdo con posteriores evaluaciones de inteligencia, fue el derrumbe de la entrada, pero las infraestructuras subterráneas no quedaron destruidas. Las centrifugadoras iraníes permanecieron prácticamente intactas y parte de las reservas de uranio enriquecido había sido trasladada antes de los ataques. El monte Pico es más profundo que Fordo.

Su roca es más resistente. Y todavía no ha sido atacado. La GBU-57, el penetrador convencional más avanzado que existe, no puede alcanzarlo. La ilusión nuclear Si las armas convencionales no pueden alcanzar las instalaciones, algunos sectores de los estamentos políticos y militares de Estados Unidos e Israel habrían planteado, según las informaciones, la opción nuclear, cuyas repercusiones para los agresores serían mucho mayores.

Las informaciones difundidas por los medios israelíes y las características físicas del emplazamiento apuntan a que Netanyahu estaría presionando a la Administración Trump para que considere un ataque nuclear táctico contra el monte Pico en los días posteriores a las elecciones de medio mandato estadounidenses. La realidad técnica es implacable. Un arma nuclear táctica no es un arma diseñada para penetrar profundamente en el subsuelo. La B61-11, la bomba nuclear estadounidense con mayor capacidad de penetración subterránea, solo puede penetrar unos diez metros en roca maciza.

Las instalaciones del monte Pico se encuentran al menos a 100 metros bajo la superficie, en roca sólida. El artefacto no alcanzaría el objetivo. Según la valoración de los expertos, “probablemente rebotaría en su mayor parte contra el enorme muro de granito”. La MOAB, la mayor bomba convencional del arsenal estadounidense, tampoco es adecuada para esta misión.

Genera una enorme onda de presión mediante una explosión en el aire, diseñada para actuar contra cuevas y cañones, no contra roca maciza en el interior de una montaña. Su verdadero valor reside en la espectacular bola de fuego que produce, un espectáculo que “quedará bien en televisión” y permitirá a los dirigentes afirmar que el programa nuclear ha sido eliminado. Su eficacia es sumamente dudosa. Sin embargo, proclamar el éxito seguiría siendo sencillo.

Las pronunciadas pendientes del monte Pico dificultan incluso la precisión del lanzamiento. Las leyes de la física no se doblegan ante la política. A la montaña no le importan los calendarios electorales ni las exigencias de las capitales aliadas. Montañas cercanas a Natanz La imposibilidad política Incluso si de algún modo pudieran superarse los obstáculos técnicos, las consecuencias políticas de un ataque contra el monte Pico serían catastróficas para los agresores.

Irán ha dejado su postura meridianamente clara. El general de división Ali Abdollahi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas iraníes, ha advertido de que “el estallido de cualquier nueva guerra contra Irán extendería inevitablemente sus llamas hasta envolver a todos”. El Cuartel General Central Jatam al-Anbia, el mando operativo militar de Irán, ha declarado que cualquier ataque contra las instalaciones sería considerado “una ampliación de la guerra en la región” y que, en consecuencia, “todos los intereses estadounidenses, sus aliados y quienes los apoyen” quedarían expuestos a los ataques iraníes. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmail Baqai, ha asegurado que Teherán no dejaría sin respuesta ningún ataque militar estadounidense y respondería con una fuerza equivalente o superior.

No se trata de amenazas vacías. Durante los últimos dos años, Irán ha demostrado su determinación y capacidad para responder a las agresiones militares. El escenario regional está claro: un ataque contra territorio iraní, especialmente contra una instalación de semejante importancia estratégica, desencadenaría una respuesta capaz de extenderse por toda la región. La presencia de efectivos e instalaciones militares estadounidenses en distintos puntos de la región, la vulnerabilidad de las infraestructuras petroleras del golfo Pérsico, el estratégico cuello de botella del estrecho de Ormuz y la red de fuerzas aliadas de Irán en la región constituyen vulnerabilidades que Teherán podría aprovechar.

El coste político de un ataque contra el monte Pico superaría con creces cualquier beneficio militar imaginable, sobre todo cuando ese beneficio militar sería nulo. ¿Por qué el bombo en torno al ataque de EEUU contra Irán con la bomba MOAB no es más que una puesta en escena? | HISPANTV La campaña mediática estadounidense en torno a la llamada bomba MOAB contra Irán la presenta como una amenaza formidable, pero esta arma carece de capacidad para penetrar las instalaciones militares y nucleares iraníes, profundamente enterradas y fuertemente fortificadas. Lo que representa el emplazamiento El monte Pico no es simplemente un objetivo militar. Es un símbolo de la soberanía tecnológica iraní y de su paciencia estratégica. Irán ha sostenido reiteradamente que su programa nuclear tiene fines pacíficos y está orientado a la producción de energía.

La existencia de las instalaciones del monte Pico fue anunciada en septiembre de 2020 por Ali Akbar Salehi, entonces director de la Organización de Energía Atómica de Irán, como sustitución del taller de ensamblaje de centrifugadoras de Natanz, que había resultado dañado en julio de ese mismo año. Salehi describió la instalación proyectada como más moderna, amplia e integral que el taller dañado. La construcción comenzó en otoño de 2020 y, desde entonces, las imágenes satelitales han documentado el desarrollo de múltiples entradas a túneles, carreteras de acceso, infraestructuras auxiliares y extensas zonas con material procedente de las excavaciones. El secretismo que rodea las instalaciones y la profundidad a la que se construyeron reflejan una respuesta racional a los antecedentes de ataques extranjeros contra las infraestructuras nucleares iraníes.

Natanz fue bombardeada, al igual que Fordo e Isfahán. Irán aprendió que cualquier instalación situada en la superficie o a poca profundidad es vulnerable. El monte Pico es la respuesta. Se trata de unas instalaciones que no pueden ser destruidas desde el aire, que quedan fuera del alcance de las bombas antibúnker y que no pueden ser neutralizadas mediante armas nucleares tácticas.

En el sentido más literal de la expresión, constituyen un objetivo imposible. Por tanto, las amenazas estadounidenses e israelíes contra estas instalaciones no son más que una representación política. La afirmación de Trump de que Estados Unidos puede “hacerlo en diez minutos” no refleja una capacidad militar real, sino la retórica de un belicista que ha perdido el control de los acontecimientos, tanto dentro como fuera de su país. Texto recogido de un artículo publicado en Press TV

¿Te gustó esta nota? Compártela: