Bloomberg Línea — La nueva apertura petrolera de Venezuela plantea un desafío para la industria manufacturera privada: determinar si las empresas nacionales tienen capacidad para responder al aumento de la demanda de bienes, insumos y servicios que acompañaría una expansión de la producción de crudo. El desafío tomó una nueva dimensión el 28 de agosto cuando los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos anunciaron un acuerdo para desarrollar 17 campos petroleros con reservas probadas de unos 65.000 millones de barriles. Las autoridades venezolanas estimaron que el proyecto podría movilizar más de US$100.000 millones en inversión y llevar la producción de esos activos por encima de 1,5 millones de barriles diarios. Ver más: ¿Qué esperar de la industria petrolera venezolana en los próximos meses?
El anuncio fue seguido por una sucesión de acuerdos con empresas internacionales. Durante la visita a Caracas del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, Venezuela suscribió nuevos convenios con Chevron Corp. (CVX), Eni SpA (E), Primavera y GE Vernova (GEV), entre otros. Chevron prevé invertir más de US$7.000 millones durante los próximos cinco años y más que duplicar su producción hasta unos 600.000 barriles diarios, mientras Eni asumirá la gestión técnica, financiera y comercial del desarrollo de Junín 5. Para la industria local, el movimiento plantea una oportunidad concreta: convertir parte de esa expansión petrolera en demanda para fabricantes venezolanos de productos químicos, piezas metalmecánicas, tuberías, equipos y servicios de mantenimiento.
Pero la manufactura parte de una posición desigual. La Encuesta de Coyuntura Industrial de Conindustria correspondiente al segundo trimestre de 2026 muestra que la industria manufacturera privada operaba con una utilización promedio de capacidad instalada de 51,7%. Eso deja espacio para aumentar la producción sin que todas las empresas tengan que realizar de inmediato grandes inversiones en nuevas plantas. El problema es que ese margen no está distribuido de manera uniforme.
El primer límite El sector químico ilustra uno de los principales desafíos. Su producción aumentó 18% interanual en el segundo trimestre y la utilización de capacidad instalada alcanzó 78%, uno de los niveles más altos de la manufactura venezolana. Ese nivel de utilización deja menos espacio para absorber un salto rápido de la demanda petrolera. El economista Daniel Cadenas intenta dimensionar esa presión en una simulación sobre la demanda de insumos petroleros entre 2026 y 2031, publicada en su perfil de LinkedIn.
Bajo un escenario asociado a la expansión de NABEP y Chevron, calcula que la demanda de insumos químicos para perforación y producción podría pasar de unas 172.500 toneladas métricas anuales en 2026 a 348.000 toneladas en 2031. Se trata de un ejercicio de escenarios, no de una proyección oficial del sector petrolero. Pero el cálculo permite observar qué podría ocurrir si la producción avanza al ritmo planteado por los nuevos proyectos. En ese escenario, Cadenas estima que la utilización de capacidad del sector químico podría subir de 78% a alrededor de 92% en 2031.
La paradoja es clara: uno de los sectores mejor posicionados para atender la nueva demanda sería también uno de los primeros en necesitar inversión para ampliar su capacidad. Capacidad disponible La fotografía cambia cuando se observa la industria de fundición y productos metálicos. La producción del sector aumentó 23,3% interanual en el segundo trimestre, pero su utilización de capacidad instalada fue de 49%. Hay, por tanto, una combinación poco frecuente: crecimiento de la producción con una elevada capacidad ociosa.
Ese espacio puede ser particularmente relevante para una industria petrolera que necesita reparar y mantener campos, instalaciones de procesamiento, sistemas de transporte y otra infraestructura acumulada durante años de deterioro. En su simulación, Cadenas calcula que, bajo un escenario de mayor expansión petrolera, la demanda anual de bienes metalmecánicos e insumos de mantenimiento, reparación y operaciones —MRO— podría aumentar de unos US$6,1 millones en 2026 a US$33,1 millones en 2031. El desafío, en este caso, no pasa necesariamente por construir nuevas fábricas. Las empresas tienen capacidad disponible.
El reto es conseguir contratos y, sobre todo, cumplir los estándares que les permitan convertirse en proveedores de compañías petroleras internacionales. Eso implica homologación de procesos, certificaciones, trazabilidad y capacidad para garantizar entregas bajo las especificaciones de los operadores. Líneas ociosas El sector de plástico y caucho enfrenta una situación todavía más débil. Su producción cayó 12,7% interanual durante el segundo trimestre y la utilización de capacidad instalada fue de apenas 26%.
La expansión petrolera podría ofrecer una vía para recuperar parte de esas líneas, especialmente mediante productos utilizados en infraestructura y operaciones de los campos, como tuberías de polietileno de alta densidad. Pero capacidad disponible no equivale necesariamente a capacidad competitiva. Para entrar en las cadenas de suministro de grandes operadores, los fabricantes necesitan demostrar calidad, continuidad, certificaciones y costos que permitan competir con proveedores extranjeros. La nueva demanda puede crear el mercado, pero no garantiza que las empresas venezolanas sean quienes lo abastezcan.
Fuera de la planta Ahí aparece una de las principales amenazas para que el nuevo ciclo petrolero tenga un efecto multiplicador sobre la manufactura. Según la encuesta de Conindustria, 70% de los industriales identificó los excesivos tributos como un factor restrictivo de la producción, mientras que 68% señaló las fallas del servicio eléctrico. La combinación es especialmente problemática para empresas que tendrán que competir por contratos con proveedores internacionales. Una fábrica puede disponer de capacidad para producir más, pero si enfrenta interrupciones eléctricas, costos elevados o dificultades para financiar capital de trabajo, su capacidad efectiva para atender un contrato petrolero puede ser mucho menor.
La infraestructura eléctrica se convirtió, de hecho, en parte de la agenda de la nueva apertura. Durante la visita de Wright, la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) y GE Vernova firmaron una alianza para recuperar la infraestructura eléctrica de la industria petrolera. La compañía también suscribió acuerdos con Corpoelec. Eso revela una de las condiciones básicas para que el efecto de la inversión petrolera se extienda hacia la economía privada: las fábricas necesitan funcionar con la misma continuidad que requieren los campos petroleros.
La prueba La velocidad con la que están avanzando los nuevos acuerdos reduce el margen para que los proveedores locales esperen a que la recuperación petrolera esté plenamente consolidada. Chevron ya ha comprometido más de US$7.000 millones y prevé superar los 600.000 barriles diarios de producción en Venezuela en los próximos cinco años. Eni, por su parte, se convirtió en operador de Junín 5 y asumirá el desarrollo del campo en la Faja del Orinoco. El propio Wright dijo durante su visita que Washington busca avanzar a la mayor velocidad posible en la transformación energética de Venezuela.
Para los industriales, esa velocidad plantea una carrera distinta: estar en condiciones de abastecer los proyectos antes de que las compañías petroleras tengan que recurrir a proveedores externos. La industria venezolana tiene una base desde la cual hacerlo. La manufactura privada todavía cuenta con capacidad ociosa y algunos de sus sectores más vinculados a la actividad petrolera están creciendo. Pero también enfrenta restricciones que pueden impedir que esa capacidad se traduzca en contratos.
Ver más: Estas industrias impulsaron el crecimiento de 6,5% de la manufactura venezolana Para Cadenas, “la reactivación no llegará por inercia petrolera”. Exigirá alianzas estratégicas, homologación técnica y un esfuerzo de los industriales para resolver sus propios cuellos de botella operativos. La apertura petrolera, en definitiva, puede generar una nueva fuente de demanda para la manufactura venezolana. La dimensión de esa oportunidad dependerá de cuánto de esa demanda pueda ser atendida dentro del país.