El coche eléctrico tiene un problema que no se arregla con más baterías: la solución podría esconderse a 3.000 metros bajo tierra

El coche eléctrico tiene un problema que no se arregla con más baterías: la solución podría esconderse a 3.000 metros bajo tierra

Coches Eléctricos El coche eléctrico tiene un problema que no se arregla con más baterías: la solución podría esconderse a 3.000 metros bajo tierra Un estudio portugués analiza el uso de rocas porosas profundas para almacenar excedentes renovables mediante aire comprimido. Las rocas porosas profundas pueden funcionar como enormes reservorios de energía eléctrica. Gemini Daniel Vega 22/09/2026 10:00 Actualizado a 22/09/2026 10:00 Añadir Híbridos y Eléctricos como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora La electrificación del transporte no depende únicamente de que haya más coches eléctricos y más cargadores. A medida que aumenta la generación renovable también crece la necesidad de guardar grandes cantidades de electricidad durante varias horas o incluso días, especialmente cuando la producción solar o eólica supera temporalmente al consumo y esa energía no puede aprovecharse en ese momento. Una investigación desarrollada en Portugal estudia precisamente una alternativa pensada para ese almacenamiento a gran escala. En lugar de recurrir a enormes instalaciones formadas por baterías electroquímicas, los investigadores han calculado hasta qué punto determinadas formaciones geológicas profundas podrían utilizarse como reservorios de aire comprimido, convirtiendo parte del subsuelo en una infraestructura capaz de almacenar energía.

La tecnología aprovecha excedentes solares y eólicos para almacenarlos bajo tierra. Hasta 1 TWh de capacidad en el escenario más favorable El estudio , elaborado por investigadores de la Universidade NOVA de Lisboa y del Instituto Dom Luiz de la Universidade de Lisboa, analiza distintas configuraciones, profundidades y condiciones termodinámicas. Su escenario con mayor rendimiento alcanza una densidad de hasta 156 kWh por metro cúbico y una capacidad máxima próxima a 1 TWh en un único reservorio situado a profundidades de hasta 3.000 metros. La cifra representa el caso teórico más favorable y no una capacidad que pueda reproducirse en cualquier ubicación.

La geología de cada zona condiciona tanto el volumen disponible como la presión de funcionamiento y la cantidad final de energía recuperable. Aun así, los investigadores consideran que el resultado permite dimensionar el potencial de esta tecnología: un solo emplazamiento adecuado podría acercarse al consumo eléctrico de una ciudad portuguesa de tamaño medio. La electricidad renovable se convierte en aire a presión El sistema aprovecharía los momentos de excedente renovable para alimentar grandes compresores. El aire se inyectaría mediante pozos en capas profundas de roca porosa, ocupando los pequeños espacios existentes entre sus granos y desplazando el agua salada presente de forma natural.

No requiere almacenar hidrógeno ni CO2, y el agua afectada no corresponde a acuíferos destinados al consumo humano. Cuando la red vuelve a necesitar electricidad, el aire almacenado regresa hacia la superficie y se expande para mover turbinas generadoras. Ese funcionamiento permite separar el momento en el que se produce la electricidad renovable del momento en el que se consume, algo especialmente relevante en un sistema con más demanda eléctrica procedente de hogares, industria y movilidad. También puede aportar capacidad de black start , ayudando a recuperar o estabilizar partes de la red sin depender inicialmente del suministro exterior.

Una tecnología para la red, no para sustituir la batería del coche El almacenamiento subterráneo podría complementar las baterías de litio a gran escala. Su posible papel en el coche eléctrico es, por tanto, indirecto. Este tipo de almacenamiento no sustituiría a las baterías de los vehículos, sino que podría reforzar la infraestructura energética que deberá abastecerlos, almacenando excedentes renovables y liberándolos cuando aumente la demanda. Frente a las baterías de ion-litio, la investigación plantea el aire comprimido como una alternativa especialmente orientada al almacenamiento de larga duración y gran capacidad.

Todavía queda un recorrido considerable antes de poder comprobarlo a escala comercial. En Portugal, los investigadores sitúan una posible implantación en un horizonte de entre cinco y diez años, después de completar estudios geológicos, perforaciones y proyectos piloto. A ello se suma una barrera regulatoria importante: actualmente no existe una legislación portuguesa específica que permita desarrollar este tipo de almacenamiento subterráneo, pese a que regiones como la cuenca lusitánica presentan formaciones consideradas potencialmente adecuadas. Temas Energías renovables Coches Eléctricos

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