Hoy Roger Moore habría cumplido 99 años. Nació en Stockwell, Londres, en 1927, y murió en Suiza en 2017, con 89, después de una carrera en la que fue caballero medieval, ladrón de guante blanco y, sobre todo, el James Bond que más veces se puso el esmoquin en la saga oficial. Siete películas entre 1973 y 1985, que se dice pronto. Del Santo a 007 Antes de Bond ya había sido Ivanhoe en televisión y, sobre todo, Simon Templar en El Santo (The Saint), 118 episodios entre 1962 y 1969, varios de ellos dirigidos por él mismo.
Después llegó Los persuasores junto a Tony Curtis, y en 1973 debutó como 007 en Vive y deja morir. Su Bond era más irónico y menos frío que el de Sean Connery, y él mismo reconocía que no era un asesino a sangre fría. Solía bromear, además, con que como Bond solo tenía tres expresiones. En 1979 protagonizó una de las aventuras de Bond más recordadas.
Tras el éxito de Star Wars, los productores aparcaron Solo para sus ojos y adelantaron Moonraker, que mandó a Bond a una estación espacial y terminó con una batalla con láseres en órbita terrestre. Costó unos 34 millones de dólares, más del doble que La espía que me amó, recaudó 210 y fue la Bond más taquillera hasta que llegó GoldenEye en 1995. Por el camino se llevó una nominación al Oscar a los mejores efectos visuales, y Tiburón pasó de villano a aliado porque los fans lo pedían por carta al estudio. Un doble, un gato espía y mucha picardía Fuera de Bond, el papel del que más orgulloso estaba era el de Tinieblas (The Man Who Haunted Himself, 1970), un thriller en el que un hombre descubre que un doble está ocupando su vida.
Moore decía que fue una de las pocas veces que le dejaron actuar de verdad, y es una de esas pelis ya viejunas que te atrapan si le das una portunidad. Ya en la recta final de su vida se rió de su propio mito poniendo voz a Tab Lazenby, un gato espía, en Como perros y gatos: La revancha de Kitty Galore (2010), con un apellido que es un guiño al 007 más olvidado, George Lazenby, el primer 007 cinematográfico. El primer 007 en pantalla, por cierto, fue Barry Nelson. Entre medias fue embajador de UNICEF desde 1991 y, en 2003, le nombraron caballero por su labor benéfica.
Bond se despedía de cada misión con una frase ingeniosa y una ceja en alto. Ya 99 años después de su nacimiento, sigue siendo difícil ver una peli de 007 acordarse de la escena en la que se supone que saltaba por encima de los cocodrilos de Vive y deja morir. Feliz cumpleaños, Sir Roger.