La Gran Muralla China es una de esas construcciones que siempre serán difíciles de creer. La mera idea de un ejército de trabajadores dando forma a miles de kilómetros de piedra durante siglos de trabajo es, a poco que te pares a pensar en ello, simplemente apabullante. Pero si aquello resulta increíble, la Muralla China de Huesca lo es aún más. Especialmente porque aquí no había arquitectos milenarios detrás de la construcción, sino una naturaleza que, hace millones de años, decidió modificar la sierra del Montsec hasta encumbrar una formación rocosa de 840 metros de largo única en el mundo.
Dos enormes paredes de piedra de hasta 20 metros de altura que, bajo el nombre de Roques de la Vila, se convirtieron en la fortaleza de un señor medieval. El Prepirineo aragonés tiene su propia Muralla China Elevadas por los movimientos de las placas tectónicas durante el Cretácico con dos capas de roca caliza, la erosión del agua y el viento terminó moldeándolas hasta dar forma a esa curiosa verticalidad que, con un pasillo en medio, se convirtió en el emplazamiento perfecto para proteger las tierras durante un siglo XI en el que las fuerzas cristianas y musulmanas se disputaban la zona. Aprovechando su punto más elevado, Arnau Mir de Tost construye allí un castillo que, como mínimo, lleva ahí desde el 1068, cuando los documentos medievales demuestran una donación de la fortaleza a una abadía cercana. Y allí estuvo durante siglos, hasta que la zona fue perdiendo importancia y el emplazamiento militar terminó dejando hueco a las ruinas hoy visitables.
La misma suerte corrió el pueblo de Finestras, que también acabó devorado por el tiempo. La pérdida de población y la posterior construcción de un embalse dan forma a un conjunto de ruinas que terminan de decorar la panorámica de Roques de la Vila, sin duda una de las postales más espectaculares de todo Aragón. No deja de ser curioso que, con el paso de los años, lo único que siga ahí sea la Muralla China de Huesca pese a llevar en pie desde el Cretácico. En 3DJuegos | Pensábamos que las princesas encerradas eran cosa de Disney: en Medina del Campo hubo una de carne y hueso En 3DJuegos | Los museos medievales esconden un retorcido secreto entre damas de hierro y cinturones de castidad