Te pagan por lavar platos y doblar ropa: así entrenan los humanos a los robots que podrían reemplazarlos

Te pagan por lavar platos y doblar ropa: así entrenan los humanos a los robots que podrían reemplazarlos

Lavar los platos, doblar la ropa o preparar la comida son actividades que millones de personas realizan diariamente sin recibir dinero a cambio. Sin embargo, estas tareas se están convirtiendo en una nueva fuente de ingresos gracias al desarrollo de la inteligencia artificial y los robots humanoides. Distintas empresas comenzaron a pagar por grabaciones de personas realizando actividades domésticas desde una perspectiva en primera persona. El objetivo es recopilar información que ayude a los robots a aprender movimientos y desarrollar habilidades necesarias para trabajar en entornos reales.

Para comprobar si este negocio realmente resulta rentable, el periodista Reece Rogers, de Wired , pasó una semana grabándose mientras limpiaba su departamento. El resultado fue sorprendente: después de utilizar tres plataformas diferentes y subir más de un centenar de videos, consiguió ganar apenas 21,55 dólares. Por qué los robots necesitan videos de personas haciendo tareas domésticas Aunque los sistemas de inteligencia artificial pueden procesar enormes cantidades de información , enseñar a un robot a realizar movimientos físicos continúa siendo un desafío. Acciones aparentemente sencillas, como sostener un vaso, servir agua sin derramarla o doblar una camiseta, requieren coordinar movimientos, reconocer objetos y controlar la fuerza.

Para mejorar estas capacidades, las empresas recopilan grabaciones conocidas como datos egocéntricos. Los participantes colocan cámaras o teléfonos sobre sus cabezas para registrar sus manos y movimientos mientras realizan tareas cotidianas. Posteriormente, los videos se clasifican y preparan para entrenar modelos de inteligencia artificial utilizados en robótica. © Victorcali Youtube. Cuánto dinero se puede ganar entrenando robots desde casa Durante su experimento, Rogers utilizó tres plataformas: Kled, Luel y Waffle Video.

En Kled grabó nueve tareas domésticas y subió 97 fotografías adicionales para cumplir los requisitos de pago. Sin embargo, recibió solamente un dólar. La segunda plataforma, Luel, ofrecía 6,60 dólares por hora de grabación, pero exigía condiciones específicas, como mantener las manos visibles durante al menos el 95% del video. Después de grabarse lavando platos durante cinco minutos, el periodista recibió inicialmente un rechazo.

Días después, la empresa reconsideró su decisión y le pagó 55 centavos. La tercera opción, Waffle Video , ofrecía una tarifa de 25 dólares por hora de material aprobado. Allí realizó actividades como atarse los cordones y servir líquidos entre recipientes. Tras enviar 125 grabaciones aceptadas, obtuvo 20 dólares.

En total, una semana de trabajo le permitió reunir 21,55 dólares. El negocio de los datos que alimentan a los robots humanoides El crecimiento de estas plataformas responde a la creciente demanda de información para entrenar sistemas robóticos. Según explicó Avi Patel, fundador de Kled, su objetivo es que personas de todo el mundo puedan aportar grabaciones que ayuden a desarrollar robots capaces de realizar tareas domésticas. Sin embargo, las compañías no necesitan únicamente videos.

También requieren procesos de clasificación, etiquetado y verificación que permitan convertir las imágenes en información útil para sus modelos. Además, el sistema plantea interrogantes sobre la privacidad de las grabaciones y las condiciones laborales de quienes proporcionan los datos. © Victorcali Youtube. La paradoja de cobrar por enseñar a los robots a reemplazarnos El experimento también dejó una pregunta sobre el futuro del empleo. Las mismas personas que actualmente reciben dinero por enseñar actividades a los robots podrían contribuir al desarrollo de máquinas capaces de automatizar esas tareas.

Aunque todavía existen importantes limitaciones técnicas, la industria busca construir robots humanoides que puedan desenvolverse en hogares, fábricas y otros espacios de trabajo. Por ahora, grabar tareas domésticas representa una fuente de ingresos complementaria y poco estable, más que una alternativa laboral consolidada. La experiencia de Rogers demuestra una paradoja de la nueva economía de la inteligencia artificial: mientras las empresas invierten grandes cantidades en desarrollar robots cada vez más autónomos, quienes proporcionan parte de los datos necesarios para entrenarlos pueden recibir apenas unos dólares. Fuente: 20 Minutos.

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