Vinnie Jones ha pasado esta semana por The Louis Theroux Podcast y ha dicho de Hollywood lo que pocos actores se atreven a decir en voz alta mientras siguen trabajando allí. Que es un sitio durísimo, que es despiadado y que se está muy solo, por mucho que te pongan la alfombra roja. Lo resume con una frase que le soltó un amigo y que él ha hecho suya: "Hollywood no es el teatro de los sueños, es el teatro de los sueños rotos". Hablamos del hombre que se ganó a pulso la fama de futbolista más temido de Inglaterra, y resulta que lo que de verdad se le atragantó fue la soledad.
Hay algo especialmente irónico en que Vinnie Jones hable de Hollywood en esos términos. El apodo pertenece a Old Trafford, el estadio del Manchester United, y fue Bobby Charlton quien contribuyó a popularizarlo. Jones sabe bastante de sueños y de lo poco que duran los aplausos. Antes de convertirse en uno de los tipos duros más reconocibles del cine de acción, fue uno de los cabecillas del equipo que derrotó al Liverpool en la final de la FA Cup de 1988.
Colgó las botas en 1999, después de disputar nueve partidos con la selección de Gales, aunque para entonces ya había empezado a cambiar los terrenos de juego por los platós. Guy Ritchie le abrió las puertas del cine con Lock & Stock (1998), pero fue Snatch: Cerdos y diamantes (2000) la que terminó de convertirlo en una cara conocida, hasta el punto de ganar el premio Empire al mejor actor británico. En una entrevista reciente, Jones calcula que pasó unos 17 años en Hollywood, aunque después duda entre 15 y 16. Da igual el caso es que para sobrevivir allí necesitaba tener algo de dinero que le permitiera no depender por completo de la industria y contar con su familia cerca.
Sin esas dos cosas, asegura, la rutina puede resultar agotadora. El día después de triunfar en Hollywood, toca volver a empezar La anécdota más reveladora de su entrevista tiene lugar después del estreno de Snatch. Jones recuerda una noche en la que Quentin Tarantino, John Travolta y Angelina Jolie le felicitaban por su trabajo, mientras él disfrutaba de una de esas fiestas tremendas que asociamos con Hollywood. Sin embargo, a la mañana siguiente bajó a un Starbucks y descubrió que la industria cinematográfica ya había pasado página.
Aquella noche había sido extraordinaria, pero el nuevo día exigía volver a empezar, como si nada hubiera ocurrido. Su advertencia es sencilla: si te quedas enganchado a los aplausos de ayer, puedes acabar volviendo a casa con el rabo entre las piernas. Cuando el director le llamó para ofrecerle un papel en RocknRolla, Jones estaba borracho y rechazó la propuesta No es que aquella noche no tuviera consecuencias profesionales. En 2000 compartió pantalla con Nicolas Cage en 60 segundos (Gone in 60 Seconds) y, al año siguiente, volvió a coincidir con Travolta en Operación Swordfish (Swordfish).
Las oportunidades llegaron, pero Jones describe una industria en la que ningún éxito garantiza el siguiente. Guy Ritchie volvió a llamar cuando Jones más lo necesitaba La relación entre Jones y Ritchie es una de las historias más personales de esta etapa. Según las declaraciones recogidas por la agencia PA y publicadas por The Irish News, el actor reconoce que ambos se distanciaron por culpa de la bebida. Cuando el director le llamó para ofrecerle un papel en RocknRolla (2008), Jones estaba borracho y rechazó la propuesta.
Ritchie se lo tomó con calma, pero transcurrieron muchos años sin que volvieran a trabajar juntos. El propio Jones cuenta el episodio sin grandes dramatismos, aunque cuesta no imaginarlo como uno de esos errores que uno repasa mentalmente mucho tiempo después. El reencuentro llegó cuando llevaba alrededor de 10 años sobrio. Ritchie le ofreció interpretar a Geoff Seacombe, el guardabosques de su serie The Gentlemen, estrenada en Netflix 2024.
El primer día de rodaje coincidieron en una escena de funeral y ambos terminaron llorando. Jones habla del director como de un hermano y reconoce que nunca han hablado directamente de aquella llamada ni de los años que pasaron distanciados. A veces, las segundas oportunidades no necesitan grandes discursos. Hollywood quería un matón, Jones algo más El problema de Jones no fue únicamente la presión de la industria, sino también el encasillamiento.
Sus personajes de Big Chris en Lock & Stock y Tony diente de Bala en Snatch tenían algo más que músculos y amenazas: poseían un carisma que Hollywood no siempre supo aprovechar. Su experiencia como Juggernaut en X-Men 3: La decisión final (2006) es un buen ejemplo. Según declaraciones recogidas por AV Club, los cambios durante la producción redujeron sus diálogos y el actor terminó sintiendo que apenas tenía presencia en la película. Años después, rechazó volver como el personaje en Deadpool y Lobezno, alegando, entre otras cosas, lo incómodo que resultaba el traje, hasta el punto de que necesitaba una pajita para beber.
Rechazó volver como Juggernaut en Deadpool y Lobezno Hay una escena de 60 segundos que ahora adquiere un significado especial. Su personaje, Sphinx, pasa buena parte de la película sin hablar, hasta que por fin se arranca con un pequeño discurso durante una barbacoa. Uno de sus compañeros se sorprende al escuchar su acento británico y le pregunta si no era de Long Beach. Después de 15, 16 o 17 años en Hollywood, Vinnie Jones seguía sin ser de allí.
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