Pongamos que mañana mismo la inteligencia artificial desarrolla conciencia. Sí, puede ser lo más ciencia ficción que te puedes echar a la cara, pero si te paras a pensarlo parece que estamos más cerca de eso que de tener los coches voladores y aeropatines que el futuro nos prometió. Pongamos, entonces, que la IA pide tener derechos en un futuro cercano. Si tiene conciencia puede negarse a trabajar, por ejemplo.
Y por lo tanto estaría feo obligarla a hacer algo que no quiere. Y apagarla sin su consentimiento expreso para que no tengamos que preocuparnos por todo esto sería aún peor… Vamos, que aunque no lo parezca, estamos ante una respuesta complicada. La mejor muestra es que llevamos miles de años enfrentándonos a algo parecido. El problema de los derechos de la IA ya lo conocemos El problema lo pone sobre la mesa Henry Shevlin, filósofo de la Universidad de Cambridge e investigador de Google DeepMind, reconociendo que aunque aún no hemos llegado a ese punto, la posibilidad de contar con máquinas sintientes entre nosotros no es en absoluto descabellado y, además, no hay actualmente barreras técnicas que lo impidan.
Cuando ocurra, pueden armarse de valor, porque entre reconocer que pueden sentir y dejar de utilizarlas para nuestro beneficio hay una gran diferencia. Para muestra, ese botón que lleva acompañándonos miles de años. En 2021 una encuesta mantenía que el 91,8% de la población creía que los animales tienen una capacidad de experimentar dolor similar a la humana. La siguiente pregunta era que, si en base a eso, estarían dispuestos a plantearse una dieta vegetariana.
El 65,5% dijo que ni de coña. Recuperando ese caso, Shevlin apuntaba también que, en otro experimento, a los participantes se les ofrecía carne seca o frutos secos y, tras ello, se les hacían preguntas sobre ese tipo de consideración respecto a los animales. A diferencia de los de los frutos secos, a quienes les habían entregado carne seca en vez de la alternativa automáticamente se autoconvencían para evitar reconocer que los animales sufrían igual que cualquier otro humano. Vamos, que con sufrimiento o sin él, lo más probable es que también terminemos haciendo lo que más nos conviene cuando le toque a la IA.
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