La historia la conocemos todos tan bien que hace mucho que traspasó ese plano para convertirse en leyenda. Cuando en 2014 Nintendo Wii U se pegó el guantazo de su vida en las tiendas, Satoru Iwata salió al paso para anunciar que renunciaría a la mitad de su sueldo para evitar que la mala gestión salpicase a sus trabajadores con despidos. Seguro que conoces la historia, pero lo que tal vez no resonó tanto fue que, ese mismo año, en Nintendo Europa se fueron a la calle 320 personas. Ahora, esa desconocida dualidad del mercado japonés ha vuelto a ponerse sobre la mesa al afirmarse que empresas como Nintendo, Capcom y Konami conservan a más del 97% de sus empleados.
Es inevitable que, sabiendo lo que sabemos sobre Nintendo Europa, alguien se pregunte qué hay detrás de esa industria de fantasía, golosinas y unicornios que nos quiere vender Japón. La realidad incómoda detrás del gesto de Iwata Dominando en gran medida la narrativa japonesa, por aquello de ser una sociedad mucho más estanca con lo que ocurre tras bambalinas, las compañías niponas han dejado lemas para el recuerdo. Poco antes del anuncio del recorte, el propio Iwata explicaba ante la junta de accionistas que despedir empleados era una forma cortoplacista de mejorar los resultados de la empresa, que simplemente maquillaría los números y destruiría la moral del equipo. Con el miedo a perder su trabajo pendiendo sobre ellos, sus resultados y su productividad serían peores que si vivían tranquilos.
Nintendo debía conservar ese talento y experiencia para que, cuando el viento soplase de espalda en vez de cara, pudiesen acelerar todo lo posible para recuperarse. ¿Quién en su sano juicio no querría subirse a ese barco e izar esa bandera? Me reconocerás, como mínimo, que el mensaje es potentísimo. Más aún si, justo un año después, Iwata sale al paso para anunciar que se rebaja el sueldo un 50% como apoyo a la situación de la empresa. Sobre a qué se destinó ese otro 50% del sueldo no pagado no hay más datos.
Se desconoce dónde acabó o en qué se reinvirtió. Sobre por qué se despidió a 130 empleados en la sucursal alemana de Nintendo y se cerraron otros 190 contratos de agencia suponiendo otros tantos despidos para externalizar tareas y reducir costes, tampoco hay declaraciones más allá de buscar una mayor flexibilidad y eficiencia económica. El porqué de cómo Europa sufrió ese varapalo y Japón se salvó, en cambio, sí lo tenemos más claro. La clave está en el artículo 16 de su Ley de Contratos Laborales y la imposibilidad de realizar despidos que carezcan de motivos objetivamente razonables.
No es sólo que despedir en Japón esté lejos de salirle gratis a una empresa, es que tiene que hacer mil cabriolas y saltos mortales para poder ejecutarlos, a menudo de la mano de estrategias alternativas que no cuentan como despido pero, a fin de cuentas, son precisamente eso. Japón y la toxicidad detrás de su falta de despidos Hace apenas dos años Bloomberg aseguraba que Bandai Namco tenía una sección dentro de la organización a la que trasladan a sus empleados a la espera de que lleguen nuevos proyectos. ¿Cuándo llegarán esos proyectos? ¿Qué hace esa gente hasta entonces más allá de aburrirse como ostras y calentar la silla? Lo desconocemos. Lo que sí sabemos es que de los 200 empleados que se enviaron a esa sección, 100 acabaron dimitiendo por razones obvias.
La práctica, conocida en Japón como oidashi beya, se reduce a buscar un desgaste psicológico en el que, por el aislamiento y la falta de tareas, la gente termine renunciando a su puesto de trabajo. ¿Los ha despedido alguien? No, se han ido ellos porque han querido. Aquí tenían contrato, pero se han marchado de forma voluntaria. Evidentemente la mayoría de empresas niegan estas prácticas, pero también se han negado otras muchas acusaciones de crunch, gente durmiendo en oficinas, o viéndose obligadas a trabajar hasta que el jefe sale por la puerta en una cultura en la que los casos de toxicidad en el ambiente laboral están a la orden del día.
Si nos hemos pasado toda una vida viendo cómo los padres de los animes nipones odiaban sus trabajos, probablemente no es por casualidad. ¿Quiere decir esto que todas las empresas japonesas son el mal más absoluto y que nos mienten como vellacos? En absoluto, lo que quiere decir es que comparar culturas y países es tan fácil como peligroso. Se habla, por ejemplo, de lo mucho que se han subido los sueldos en Capcom durante los últimos años, pero no se comparan directamente con los sueldos que se cobran en puestos similares en otros países. Se dice, también, que lo que cobran los directivos nipones poco o nada tiene que ver con lo que cobran los americanos, pero tampoco se pone sobre la mesa cuánto dinero ganan más allá del sueldo gracias a participaciones y dividendos que a menudo terminan siendo unos pellizcos más que considerables.
El resumen, a grandes rasgos, es que en todos lados cuecen habas, que las estadísticas no siempre muestran todas las caras del dado y que, aunque nos encante celebrar lemas y frases emblemáticas, cuando vienen de grandes empresas y de países en los que la opacidad y la falta de transparencia facilitan que el relato se controle mucho más, no deberíamos sacar las palmas a pasear tan alegremente. Nunca olvidemos que son empresas que buscan ganar dinero y que, aunque algunas tengan prácticas y sensibilidades que nos resulten más atractivas que otras, si quisieran vivir del amor al arte no cotizarían en bolsa. En 3DJuegos | Japón ha marcado a la vez dos récords opuestos: nunca había tenido tantos residentes extranjeros ni tan pocos japoneses